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A pesar de la apertura establecida en casi todos los países, los intempestivos saltos de los mercados —un termómetro que mide la temperatura de la economía fluctuando como un yoyo— indican que la recuperación de la confianza se podría demorar más de lo inicialmente esperado. El reto consiste, entre tanto, en defender la economía y los empleos hasta donde sea posible.
Mientras el coronavirus continúa su proceso de expansión, con más de 140.000 nuevos casos diarios, gobiernos e instituciones hacen cuentas, comenzando a medir su impacto en el crecimiento. Una variable no considerada casi en ningún modelo e incierta, como lo es la respuesta ciudadana y los cambios culturales adoptados ante la enfermedad como mecanismo de defensa, ofrecerá finalmente la magnitud de respuesta y establecerá el nivel de daño, no solo en el área de salud.
La nueva “normalidad” ya tiene números confiables: para el Banco Mundial las economías, en su conjunto, se contraerán un 5,2% en 2020 y la colombiana, un 4,9%. Para la OCDE el descenso de nuestro PIB será de entre 6,1% y 7,9%, mientras para ANIF la caída será de entre 2,4% y 4,8%, dependiendo de la duración de las cuarentenas. Como “consuelo”, el impacto esperado por la OCDE, medido en puntos del PIB y dependiendo de un rebrote, será para Francia de entre 11,4% y 14,1%; Reino Unido, entre 11,5% y 14%, Alemania, entre 7,5% y 9,8%, y Estados Unidos, entre 7,3% y 8,5%. Evidentemente no son “mejores” que el nuestro. China, en cambio, tiene superiores perspectivas que cualquiera, con una afectación estimada entre 2,6% y 3,7%.
La esperada salida de la crisis en 2021 será en cambio desigual dependiendo también del eventual rebrote: Reino Unido, entre 1% y 6,2%; Francia, entre 1,2% y 4,6%; Alemania, entre 1,7% y 4,4%; Estados Unidos, entre 2,4% y 3,5%; mientras Colombia, entre 2 % y 3%. De nuevo, estaríamos “menos” afectados. En un escenario adverso, tenemos motivos para el optimismo.
Lo que hasta hace pocos años era considerado una externalidad, un asunto ajeno a las tradicionales variables macroeconómicas, la confianza ciudadana, tiene la clave de los tiempos de respuesta y duración de la crisis. ¿Consideran los modelos la aparición de una vacuna o un remedio probado que cambiaría, radicalmente, las cosas? Los estimados se han diseñado calculando solamente una evolución, digamos, espontánea como la que hemos tenido, el “mejor” escenario o un rebrote.
El camino de la recuperación económica puede considerar el control del virus por parte de China y, en cambio, su evolución “normal” en las democracias occidentales. Si existiera una competencia para convertirse en la primera potencia del mundo, pareciera que la situación actual estuviera servida en bandeja para China, país que, además de productos baratos y un portafolio creciente de financiación, dispone de un importante mercado interno susceptible de ampliarse y no depender tanto de sus exportaciones, mientras Estados Unidos, abanderando el proteccionismo, resuelve sus elecciones y sus problemas de división interna que China no tiene (no se permiten).
Cualquier pronóstico sobre el tiempo de recuperación debe tener en cuenta la resolución de los actuales conflictos comerciales y su evolución. Un escenario de recuperación supone el crecimiento del comercio y el restablecimiento del multilateralismo y la confianza entre los más importantes actores, China, Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea, lo que en este momento parece poco probable, manteniendo la incertidumbre.
En la Colombia de hoy algunos cuestionan la oportunidad de las decisiones tomadas por el Gobierno, el aislamiento, sin considerar el desastre en pérdida de vidas evitado. De acuerdo con modelos de comienzo de la pandemia, deberíamos tener ahora millones de contagiados, confirmando, por el contrario, una notable gestión. A nivel de la economía, a pesar de los paros del año pasado, el primer bimestre, con 4,1% de crecimiento, arrojó cifras esperanzadoras luego frustradas por el virus.
Nuestra recuperación, como la respuesta en salud, debe ser inteligente considerando no solo la dinámica y perspectivas de los sectores económicos sino sus particularidades regionales. Con un elemento en común: necesitaremos mucho más apoyo e inversión por parte del Estado que lo que hasta hoy se ha puesto sobre la mesa. Una gran respuesta en forma de megaproyectos en las diferentes áreas, otorgando garantías a la inversión privada. Ello nos permitirá encontrar un norte cierto, reducir la incertidumbre y recuperar la confianza y los empleos.
Posdata. Esta columna reaparecerá el próximo 7 de julio.
