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Los colombianos quisiéramos que los temas de que trata hoy la Junta de Ecopetrol estuvieran relacionados con las respuestas de la empresa a un país y un planeta que siguen y seguirán demandando petróleo y gas durante décadas. O en el mejoramiento de la disminuida gestión de la empresa. Debe ocuparse, en cambio, sobre si debe pedir o no la renuncia de su actual presidente, respaldado inexplicablemente por el presidente Petro. Si hay un lugar en el que la improvisación en las políticas y la ideologización de la administración se nota más, ese es Ecopetrol. Las cifras y la realidad le ponen límites a tantos cuentos y discursos.
Colombia ha sacrificado su seguridad energética sin consolidar una muy narrada transición que no ha contado con una base sólida ni contribuido a nuestra muy debilitada sostenibilidad fiscal. El escenario internacional sigue avanzando en contravía de los discursos del presidente. Las limitaciones a la exploración y el incremento de la demanda han chocado. Por lo pronto deberemos importar gas de Venezuela en el mejor escenario. En el peor, ha reaparecido el fantasma del racionamiento que considerábamos exorcizado.
A nivel mundial, lejos de aclararse la pugna entre medio ambiente y utilización responsable de los combustibles fósiles, el pragmatismo ha llevado el debate por el camino del medio, concediendo mayor peso relativo a la realidad y a los empleos y necesidades de los humanos de hoy sin olvidar nuestro compromiso con las generaciones que vendrán. El desarrollo tecnológico y la irrupción de la Inteligencia Artificial han hecho que la demanda de electricidad sea superior al crecimiento de las economías. Sin energía no tendremos crecimiento. La Agencia Internacional de Energía constata, en su informe más reciente, que “aunque se prevé que la generación de electricidad a partir del carbón pierda terreno a nivel mundial, seguirá siendo la principal fuente de electricidad en 2030”. ¿Podía Colombia renunciar, en la práctica, a uno de sus activos más importantes, como lo venimos haciendo desde 2022 con la teoría del decrecimiento aplicada?
Ante el aumento de la demanda de energía el concepto de seguridad energética se ha convertido en prioritario para todas las naciones. Mientras seguimos con cuentos y peroratas el mundo se ve incurso en una guerra relacionada con el control de las fuentes de energía. A Cuba se le fue la luz y la dictadura venezolana, para perpetuarse, ha preferido mutar hacia una dictadura tutelada. Los hasta hace poco mejores amigos del gobierno de Colombia han modificado posturas y realidades en relación a un recurso que Colombia ha “despreciado” de manera olímpica.
Mientras el mundo prioriza la seguridad energética, un reciente informe de la Contraloría General de la República ha recordado el estado calamitoso en que se encuentra el sector. Se han derrumbado las reservas de petróleo y gas. Teniendo Colombia grandes yacimientos se hacen indispensables importaciones. El estado tiene una deuda billonaria con los proveedores del sistema y es inminente un alza de tarifas que el gobierno- como ocurre con la gasolina y el Diesel- ha venido aplazando para después de elecciones.
Mientras Colombia y el mundo atraviesan un periodo que podemos calificar como de transición y seguridad responsables, Ecopetrol evalúa la permanencia de su actual presidente. El doctor Roa, quien Imputado por la fiscalía general de la Nación, está siendo sostenido por el presidente de quien fue gerente de su campaña siendo condenado por violar los topes por parte del Consejo Nacional Electoral.
Pero mientras la justicia toma sus decisiones y la Comisión de Acusaciones, como es su costumbre, promueve absoluciones, al doctor Roa habría que evaluarlo por los resultados de su gestión. Durante el gobierno Petro y la administración Roa los ingresos por contratos de la empresa cayeron desde 143.078 miles de millones en 2023 a 119.694 miles de millones en 2025 y las utilidades netas se desplomaron un 55,49 % entre 2023 y 2025, al pasar de 23.305 millones en 2023 a 12.934 en 2025. Si no se trata de un desastre se parece mucho y Roa no tendría que esperar a que en un ataque de independencia y honorabilidad la junta lo destituya o un sindicato que ayudó elegir a Petro, su mentor, le haga una huelga por estar acabando con la empresa. Debería renunciar y hacernos un favor a Petro; al Expresidente Uribe, a quien Petro confunde con los miembros disidentes de la junta, y a todos los colombianos, accionistas de Ecopetrol.
