Estando, como estamos, acostumbrados a referirnos a las instituciones y universidades públicas en razón a sus reiteradas crisis financieras; sus conflictos de intereses o, las más de las veces, reconocidos hechos de corrupción, es necesario reconocer el excepcional caso de una universidad estatal cuya mayor paradoja quizá sea el escaso reconocimiento que recibe si se compara con sus resultados. Ese es, quizás, el verdadero milagro de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, UNAD.
Al llegar a la cifra de 390.000 estudiantes matriculados en 72 centros regionales ofertando 121 programas de educación superior, la UNAD superó sus propias metas al convertirse en una megauniversidad. Una explicación para su crecimiento podría referirse a los cambios tecnológicos, multiplicados después de la pandemia, o a la disposición de la UNAD para afrontarlos, mientras otras instituciones se vieron forzadas a comenzar de cero. Pero sería una explicación exageradamente simple.
Lo que parece un milagro se refiere, en realidad, a un largo y “silencioso” periodo de construcción institucional durante el cual un esfuerzo consistente, desarrollando en la práctica ingeniería de redes y teoría de sistemas, se pudo apuntalar haciendo converger un notable esfuerzo académico, de innovación y eficiencia en la gestión. Un permanente esfuerzo de transformación mucho antes de que la virtualidad se convirtiera en realidad, lo que le ha permitido a la UNAD llegar con su oferta educativa a donde nadie más podría hacerlo, tanto en Colombia como en cualquier lugar del mundo.
Se ha tratado de la persistencia de múltiples esfuerzos enfocados en una política pública caracterizada por un hilo de continuidad y consistencia. Una persistencia amparada en la autonomía universitaria que, en este caso, pudo funcionar superando dificultades y diferencias de intereses inherentes a los cambios de gobierno. La UNAD ha sido pionera en Colombia y el mundo al institucionalizar el aprendizaje autónomo y establecer ecosistemas digitales de aprendizaje, avalados por una renovada acreditación institucional en alta calidad. Un modelo educativo al que pueden acceder los colombianos, incluidos los millones que residen en el exterior, desde sus propias casas o lugares de trabajo. Pasaron ya casi 30 años desde que, desde el Ministerio de Educación, pudimos explorar en la primera aula virtual que se hizo funcional en nuestro país.
La UNAD ha avanzado en la solución de tradicionales problemas estructurales de acceso e inclusión, mucho más allá de promesas y discursos, convirtiéndose en la mayor oferente de educación superior pública en Colombia. Un hecho que resulta imposible de comprender sin considerar el impacto de sus 72 centros territoriales con sus comunidades, estudiantes y docentes. Como consecuencia de varias sinergias, la UNAD se ha convertido en modelo para Latinoamérica y el mundo, aunque aquí no se le hubiese reconocido su magnitud y capacidad disruptiva en beneficio de la sociedad.
El nombramiento el mes pasado de su rector, Jaime Leal, en la Junta Directiva del Instituto de Tecnologías de la Información en la Educación (IITE) de la UNESCO, el organismo encargado de proyectar estrategias globales relacionadas con la transformación digital de los sistemas educativos, representa un hito histórico que habla muy bien de la gestión y el liderazgo educativo en nuestro país, aún con los problemas tradicionales. Es el reconocimiento a la UNAD como referente internacional en el diseño de políticas globales de educación digital para países emergentes con dificultades de acceso, necesidades de educación pertinente y de calidad en escenarios de escasos ingresos. Se trata de la evolución natural de una universidad que dejó de ser únicamente un proyecto nacional para convertirse en un importante actor internacional en el sector.
El verdadero milagro de la UNAD no consiste en haber abierto sedes en Europa y Estados Unidos. Tampoco en haber graduado y transformado las vidas de cientos de miles de estudiantes y sus comunidades. Consiste en demostrar que una institución pública colombiana ha logrado crecer durante décadas, innovar, internacionalizarse, mantener estándares de calidad y convertirse en referente mundial sin perder de vista su misión de servir a quienes históricamente estuvieron excluidos de la educación superior. En tiempos en los que abundan las narrativas del fracaso estatal, la UNAD recuerda que cuando existe visión, continuidad y liderazgo, las políticas públicas también pueden producir historias de éxito.
Posdata: Este columnista se ha desempeñado como maestro de escuela rural; ministro y viceministro de Educación Nacional, profesor de las universidades Javeriana, la Gran Colombia, Jorge Tadeo Lozano y docente ocasional de la UNAD.