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La recuperación de la economía, y con ella la de ingresos y empleos que ahora celebramos, depende de muchas variables, siendo la más importante el control de la pandemia. La economía ha reaccionado pero los datos disponibles indican que debemos hacer mucho más. La continuidad y consistencia de las políticas de salud pública, en un año electoral, será fundamental.
Las cifras de crecimiento de la economía,13,2% en el tercer trimestre y 10,3% para el año, son esperanzadoras, siendo ya superiores a las mostradas antes de la pandemia. El incremento en el gasto de los hogares, 20,2% y del gobierno, 19,1% explican la recuperación. Se ha recobrado la confianza por parte de los agentes económicos y las perspectivas para el año completo se sitúan cerca del 9,5%, superando las expectativas más optimistas hace pocos meses e incluso las del mundo, que espera alcanzar un crecimiento de 5,7% de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Los buenos precios del café y el petróleo hacen su parte.
En todos los países la respuesta del Estado y de los Bancos Centrales ha sido decisiva, demostrando en la práctica la importancia de su participación en la economía y la sociedad. Si alguna lección deja la pandemia a economistas, politólogos, sociólogos y expertos en salud pública, es la reivindicación del papel del Estado en el liderazgo de la sociedad, saldando viejas discusiones académicas sobre la conveniencia y alcances de su intervención. Nuevamente se ha demostrado que hoy, como en las crisis del 30 y en la del 2008, ese liderazgo es fundamental e insustituible.
En Colombia también lo ha sido, independientemente de consideraciones políticas y politiqueras, si ello es posible, en un país polarizado y en un año electoral. Debe reconocerse la respuesta del gobierno y el Estado en su conjunto ante la crisis pese a la actitud reactiva mostrada en sus inicios. Con un criterio pragmático se han comprometido recursos, gasto e inversión pública, subsidios y ayudas en un periodo de enorme incertidumbre y dificultad, en el que apenas, y sin las certezas que quisiéramos, comenzamos a ver luz.
Existiendo retos inmensos, como las interrupciones en las cadenas de suministro, que han estimulado la inflación en todo el mundo, y la desigualdad en la recuperación, ocasionada por la disparidad de los sistemas de salud de los países, la posibilidad de acceso a medicamentos y vacunas es, claramente, el más importante. De ello dependerá la vida de los colombianos, pero también las expectativas de ingresos, empleos y bienestar.
Si a la economía colombiana le va sorprendentemente bien, una revisión a los datos disponibles, que nos permite establecer la eficiencia real de las políticas de salud pública, deja un sabor agridulce: el número de muertes por millón de habitantes en lo que va de la pandemia es, en Colombia, de 2.493, en Estados Unidos, 2.300, en Costa Rica 1.400, Chile 1.974, México 2.235, Perú, 6.000, Canadá 772, España 1.877 y en Rusia 1.685. Podemos pensar en distorsiones y falta de uniformidad en las fuentes de información pero tendencias y hechos resultan incuestionables llevándonos a concluir que a pesar de lo logrado podemos y debemos hacer mucho más.
Increíblemente, apenas a meses de las elecciones parlamentarias y presidenciales, no conocemos las propuestas de los candidatos ni el lugar que la atención de la pandemia -que nos permitirá mantenernos con vida, trabajar, mantener la confianza y hacer perdurable la recuperación de la economía- ocupa en sus agendas y programas de gobierno. Tampoco las acciones e iniciativas del gobierno para garantizar continuidad de las políticas en el empalme y transición.
Cualquiera sea el gobierno que reemplace al actual, ¿se mantendrán o mejorarán las condiciones de los médicos y trabajadores de la salud? ¿Compraremos las tabletas que ahora hacen posible controlar el virus o las produciremos? ¿Será obligatoria la vacunación y su consumo? ¿Garantizaremos el acceso permanente a las vacunas que se puedan necesitar? ¿De dónde saldrán los recursos? Si la agenda pública y la de los candidatos respondiera a algún sentido de sensatez y razón, para estabilizar la economía necesitamos responder estas y otras preguntas en la misma dirección.
