Resulta inexplicable que después de tantas transformaciones anunciadas en materia de infraestructura; luego de tantos saludos a la bandera por la competitividad, la media Colombia Llanera esté incomunicada y no disponga de una vía alterna funcional. También es inexplicable que el gobierno responda a una crisis de esta magnitud con consignas de campaña; recomendaciones abstractas sobre el manejo del agua y propuestas gaseosas sobre reformas de planes. Mientras la situación reclama un gobierno eficiente, este responde, como es su costumbre, proponiendo sofismas.
No puede entenderse que la comunicación terrestre con Villavicencio, en plena era de la inteligencia artificial y cuando el hombre comienza a colonizar planetas, tarde hoy lo mismo que hace 100 años, de a caballo, como nos contó José Eustasio Rivera en su Vorágine. Menos si se tiene en cuenta que hace décadas “el Llano” dejo de ser una expectativa para convertirse en destino turístico, despensa agrícola y ganadera de Bogotá y de Colombia, y que de allí provengan buena parte de nuestras exportaciones petroleras. ¿Desastres? Recordemos, en el mismo sector de Quebradablanca, centeneras de víctimas que ahora, después de tanto, repetimos. ¿Cuándo será el próximo?
Por cierto, la única vía “decente” de que hoy el Llano dispone -89 kilómetros a cambio de 550 por la vía alterna para carga- ha sido posible por la participación armónica de los gobiernos y el sector privado. El mismo que el gobierno critica por principio con la sindicación de que se trata de “un negocio”, pasando por alto el desarrollo, la integración, el progreso y empleos generados. El gobernador del Meta, ejerciendo como portavoz de sus comunidades, ha denunciado que no existe interlocución entre el Gobierno nacional, a través de la Agencia Nacional de Infraestructura, y la concesión de la vía. Al gobierno no le gustan las concesiones llegando al colmo de no ponerse de acuerdo para la construcción de un túnel, lo que impedirá, en un hecho absurdo, la utilización del puente de Chirajara, construido en tiempo récord.
Un desastre natural ha puesto en evidencia uno administrativo. Los “principios” que intentan justificar las postura del gobierno frente al modelo de administración que cambió los paradigmas de la gestión pública en todo el mundo, involucrando a la ciudadanía y al sector privado a través de APP, se han convertido en prejuicios y obstáculos dañinos para le gestión de gobierno y el bienestar de la población. Con un discurso del siglo antepasado, que supuestamente reivindica la gestión del Estado, va a ser complicado gobernar a la Colombia de hoy. Mientras comprobamos que el sector privado no es enemigo de los gobiernos, asistiremos a un desastre en la administración con casos como el de la vía al Llano o la entrega de subsidios (otro “negocio”).
Desde un punto de vista político o administrativo nadie, en ninguna parte, ha logrado comprobar la mayor eficiencia del Estado sin la participación privada y ciudadana. Ni en la cortina de hierro que añora el presidente, derrumbada por ineficiente, dictatorial, corrupta y por la misma historia, ni en la China de hoy en la que la participación del sector privado es “toda”. Un asunto diferente es el que se refiere al papel del Estado en la asignación de los recursos de la sociedad y en la orientación de estos, un aspecto en que muchos miembros del gobierno parecen tener una gran confusión con enormes costos para la nación.
Keynes, citado frecuentemente por el presidente, hace casi un siglo demostró que los niveles de gasto y la demanda agregada son la fuerza motriz de las economías, siendo función de los gobiernos intervenir en las actividades económicas para atemperar los efectos de las fluctuaciones autónomas del mercado, estimular la demanda y promover el crecimiento, pero no para perseguir la participación privada o convertir al Estado en monopolio proscribiendo las fuerzas del mercado.
Mientras se resuelven tantas ambigüedades administrativas, filosóficas y políticas por parte del gobierno, la tragedia de la vía al Llano le recuerda que existe un país con problemas reales que tiene la responsabilidad de administrar.
Posdata: Acabamos de observar en el Congreso a un Petro modelo 2023 que no amenaza con “la calle” y por primera vez intenta no polarizar buscando acuerdos. ¿Será mientras escampa o se desprendió de sus ínfulas autoritarias del todo? Se confirma que el sistema político se protegió y, de alguna manera, el Congreso ejerció control político forzando su cambio de postura. En términos de logros ha sido un año perdido para el gobierno y para Colombia, también en materia de gestión.