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El centro político —un punto de encuentro entre la diversidad y las naturales diferencias de opiniones e intereses, una manera de aproximar puntos de vista encontrados, las “razones de cada quien”, y reducir el nivel de las confrontaciones— puede ser un ideal de convivencia y una necesidad para combatir la pandemia. En un país polarizado, sin embargo, tendrá escasas posibilidades.
De acuerdo con estudios realizados, entre los que se destaca la Encuesta de Cultura Política del DANE, el “centro” es la postura mayoritaria de los colombianos. El contexto mundial, los antecedentes electorales en Colombia y las más recientes encuestas no avalan, sin embargo, esa afirmación, cuyo análisis adquiere importancia creciente en el año preelectoral en que nos encontramos.
Entre los muchos estudios sobre cultura política que se realizan en el país, el del DANE tiene especial significación. Se trata de una entidad estatal reconocida por su carácter técnico, objetividad, profesionalismo y respeto por herramientas que nos informan, ayudan a comprender la realidad y tomar mejores decisiones. De acuerdo con sus cifras en 2019, un 39,6% de los colombianos se definían como de “centro”; un 26,7%, de “derecha” y un 11,7%, de “izquierda”.
Por supuesto, el significado de la categorización corresponde al imaginario de cada encuestado y no a algún código generalmente aceptado, un asunto importante a precisar en una época en que referentes habituales, tanto como la realidad, han cambiado. No por ello el estudio pierde relevancia y se convierte en elemento obligado de consulta para analizar lo que ocurre y puede ocurrir con nuestras decisiones políticas. En resumidas cuentas, se infiere que la opción de centro es, por mucho, mayoritaria mas no necesariamente se representa, por sí sola, electoralmente.
Ese hallazgo contradice los resultados electorales de las últimas décadas y el clima de evidente polarización que hemos vivido, el cual tiende a favorecer a los respectivos “polos” y a quienes los representan, dicen representar o a quienes la opinión identifica como tales. La polarización expresa emociones y sentimientos anónimos pero no impersonales, por lo que no es espontánea, convirtiéndose su conocimiento, manejo y utilización en una estrategia de comunicación política disponible para su aprovechamiento por eventuales candidatos.
Las encuestas no son inmunes al coronavirus. Una mirada a la de Invamer publicada la semana anterior, más allá del desempeño de los gobernantes, revela que en general el clima de pandemia ha afectado de manera negativa la imagen de los líderes políticos, incluido el presidente, con algunas notorias excepciones relacionadas con el aumento en el nivel de polarización.
Al evaluar al presidente se puede observar cómo a medida que aumenta la polarización cae su imagen. Subió hasta 52% en abril, para caer luego hasta 31%. Recordemos que alcanzó el techo representando la necesaria unidad del país para confrontar la enfermedad. No siendo candidato y esforzándose por representar esa unidad, como corresponde a su cargo, sentirá y siente los efectos de la polarización en la opinión, al margen de su gestión de la pandemia. Entre tanto, la alcaldesa de Bogotá ascendió hasta 89%, descendiendo luego hasta 71%. Entre los líderes políticos, el profesor Sergio Fajardo ha perdido ocho puntos desde febrero mientras Gustavo Petro ha ganado cinco, confirmando que la combinación de polarización y pandemia no afecta a todos por igual. Las matemáticas de la polarización son evidentes: a medida que aumenta, ascienden con ella los extremos.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, se observan nubarrones en el horizonte para una genuina opción de centro. Sus posibilidades son complicadas mientras desde los extremos, de manera irresponsable, se alternen para atizar cada vez más la llama que los “ilumina” y se sigan estimulando emociones y sentimientos negativos de la gente. Será “bueno” para ellos y perjudicial para el interés general y un indispensable sentido de unidad al confrontar una enfermedad que comienza a adquirir, como ya se observa en Europa y Estados Unidos, nuevas e insondables dimensiones.
