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Flojo debate y Robinson Petro

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Luis Carvajal Basto
31 de enero de 2022 - 05:00 a. m.
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La primera semana de debates presidenciales deja poco y no altera la tendencia observada en las encuestas. Llaman la atención la escasa creatividad de los equipos programáticos, la terquedad de Petro y la abstracción que hacen todos, entrevistadores y entrevistados, de la manera como responderán a los efectos de la pandemia, el problema público más importante del último siglo.

Siguiendo los problemas identificados por las encuestas, los conversatorios, más que debates, se han centrado en corrupción, seguridad y economía, sin tocar, de manera increíble, la pandemia. Debe ser porque en diciembre, momento en que se realizó la última encuesta significativa, solo representaba un problema para el 2% de los colombianos. Cualquiera que resulte elegido, sin embargo, deberá lidiar con sus costos; sus efectos en la economía, la deuda pública y la manera como se piensa atender en el futuro.

Llama la atención que mientras los gobiernos, la política y la economía mundial se mueven en torno a las expectativas de evolución de la salud pública -la semana pasada bajaron de nuevo las perspectivas de crecimiento para 2022, y con ella las de bienestar y empleo, ante el avance de ómicron- a nuestros candidatos no les merezca una referencia, como si gobernar se tratara, solamente, de su propio universo.

Aparte de este olvido garrafal poco ha destacado, aunque llama la atención el nivel de generalización de los programas. Por ejemplo, todos denuncian la corrupción, pero, en concreto, nada. ¿Y las cuentas en paraísos fiscales de los exfuncionarios públicos y sus familias? ¿Y el bajo nivel de tributación de los monstruos digitales? ¿Cómo acabarán con los identificados carteles en la contratación? Nada.

Algo parecido ocurre con las drogas y el narcotráfico, el más grande responsable de violencia y corrupción en nuestro país. ¿Legalización o represión y cómo? Los muertos de cada día merecerían respuestas más realistas, precisas y elaboradas que su mera denuncia.

Hablando de generalidades siguen destacando, por irreales y absurdas, las propuestas de Petro para elevar aranceles y generar empleo; es decir, buscar la autarquía -a lo Robinson Crusoe, quien lo hizo obligado- que hoy, para potencias como China, Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea son irrealizables. Es lo mismo que intentó la Venezuela de Chávez y Maduro, con consecuencias conocidas.

En gracia de discusión vale considerar el escenario en el mundo real. ¿Por qué no puede hacerlo China, por ejemplo? Porque inmediatamente los países receptores de sus productos harían lo mismo encareciendo las importaciones provenientes de ese país sacándolas del mercado. En Colombia significaría, entre otras cosas, el inmediato y mucho mayor encarecimiento del pan, el vestuario, los vehículos, los bienes de capital, etc. y la pérdida de empleos. Para ilustrar sus efectos en la inflación se puede recordar, de nuevo, lo ocurrido en Venezuela. Ningún país puede vivir hoy en autarquía, como confirma lo ocurrido con la interrupción de las cadenas de suministro, responsable de la actual inflación mundial. La interdependencia de las economías no es optativa. Se parece más a una ley del desarrollo humano que a un decreto del gobierno de Petro o de cualquiera en cualquier país.

Su planteamiento, según el cual al suprimir las exportaciones de petróleo -así sea paulatinamente como aclaró- por la vía de prohibir nuevos contratos de exploración para que no tengamos cómo pagar las importaciones que, según su modo de ver, generan desempleo, resultaría en una eutanasia anunciada de la economía y los empleos. El calificativo de “disparatada” se queda muy corto. No encuentro antecedentes de algún país democrático que, deliberadamente, renuncie a sus posibilidades de adquirir divisas y acceder al mercado mundial. Si persiste tercamente en sus propuestas podríamos llamarle, justificadamente, Robinson Petro.

Su pretensión de incorporar en su proyecto a sectores del liberalismo para lograr las mayorías que necesita debería considerar que dirigentes históricos del partido, como Gaitán y López Pumarejo, a quienes frecuentemente invoca para atraer electores, difícilmente propondrían como solución en la Colombia de hoy sus consignas de hace 80 años. Tampoco representan ese talante liberal políticos curtidos en los gobiernos que Petro critica, como Velasco, Benedetti, Pérez etc., alguna vez liberales, que aterrizaron en su pacto usufructuando su popularidad.

Observando la participación de los demás aspirantes en los debates, poco aporta el “más de lo mismo” que propone Gutiérrez y es poco realista -aunque no le falte razón- la propuesta de Betancourt para “aislar”, por “contaminadas”, todas las formas de hacer política que le precedan, aún al costo de su coalición. Esperemos que en la medida en que avance la campaña logremos debates más aterrizados y pertinentes. Preguntar, en cada caso, la manera específica, los costos, beneficios y recursos de sus propuestas podría ayudar.

@herejesyluis

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German(4794)03 de febrero de 2022 - 05:11 a. m.
Esta columna es un verdadero chiste.
Mario(78288)02 de febrero de 2022 - 01:38 p. m.
Cómo puede alguien escribir tantas imprecisiones, mentiras, futilidades, etc...?
María(60274)01 de febrero de 2022 - 07:23 p. m.
Jajajajaja un uribista hablando de lo que es mejor para Colombia? no me haga reir.
Miguel(78770)01 de febrero de 2022 - 06:42 a. m.
Muy oportuno el cuestionamiento a la propuesta de los aranceles hecha por Petro
Lonja(62635)01 de febrero de 2022 - 12:12 a. m.
este comentarista ni sabe leer ni sabe escuchar. Petro no ha dicho nada de lo que el comentarista escribe.
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