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Una investigación publicada por The New York Times como resultado de años de trabajo sobre el uso de los recursos del petróleo -la mayor y casi única renta venezolana- ha encontrado que en plena revolución bolivariana por cada dos dólares que ingresaban por sus exportaciones petroleras los líderes “revolucionarios” se robaban uno. Ello, por sí solo, explicaría la virulencia de la dictadura, pero también la captura de Maduro. ¿Será que si devuelve lo robado lo liberan? Con el dólar que ingresaba a las arcas del Estado pagaban las nóminas y redistribuían algo a la gente, pero, a su vez, esos recursos estaban deflactados por las coimas internas de la corrupción. El oficio de nuestro paisano Alex Saab, encargado de las compras.
Mientras se invoca el bien común y el espíritu de la revolución bolivariana, y muchos se lo han creído, en realidad ha estado sucediendo un robo enorme de los recursos del Estado venezolano. Detrás del autoritarismo, “justificado” por ideales más elevados, se han cometido y cometen toda clase de abusos.
La estatización a ultranza tiene riesgos. Con el cuento de que el sector privado “nos está robando los recursos” se los roban. Los privados obtienen una utilidad publicada y auditada luego de un proceso licitatorio, un procedimiento diferente a la asignación “a dedo” por parte de los amigos de las dictaduras, como ha ocurrido con el petróleo venezolano. Pero eso sucedió luego de saquear la salud; la educación y hasta las pensiones. Todo el Estado. Autoritarismo y secretismo son materia prima para los ladrones a quienes la democracia, la transparencia y los contrapesos, por naturaleza, les incomodan.
En algún momento el ahora prisionero Nicolas Maduro les contó a sus compatriotas que el finado Hugo Chávez se comunicaba con él, desde el más allá, a través de un pajarito, seguramente un turpial (turupial), ave emblemática de nuestros llanos. La gente se lo creyó. La misma gente que ha venido tragando entero todas las narrativas. La del turupial fue una de las primeras de Maduro, pero Chávez era, verdaderamente, experto en interpretar y manipular creencias emociones y sentimientos. A punta de historietas se han robado y seguido robando a Venezuela.
¿Bolívar socialista? Eso es un cuento para niños incautos y poco educados. En realidad, estaba influenciado por las revoluciones francesa y norteamericana. La revolución de independencia fue liderada por la élite criolla -de la que él hacía parte- rica pero incómoda con los tributos que debía pagar a una monarquía débil, antes, durante y después de la invasión napoleónica. ¿Comunista? El manifiesto de Marx se escribió, apenas, en 1848, mucho después de fallecido un Libertador adelantado, pero no tanto. Hay que ser muy necio o mentiroso para imaginar a Bolívar -y su espada- protestando porque al dictador ultraconservador Rojas Pinilla le hicieron fraude en unas elecciones. Se necesita ingenio y habilidad para manipular y convencer a la gente como lo hicieron Chávez y Maduro.
Con consignas como “¡Patria, socialismo o muerte!” e “¡Independencia y patria socialista, viviremos y venceremos!”, la dictadura buscaba, y lograba, reforzar una identidad colectiva; simplificar mensajes, supuestamente, ideológicos; construir lealtades emocionales y dividir entre “patriotas” y “enemigos” mediante la edificación de estereotipos, un conjunto de características con que se identifica a una categoría de personas. Luego de escuchar y repetir, las gentes creen que “saben” sobre algún o algunos temas mientras, en realidad, están siendo objeto de manipulación en una realidad novelada. En Colombia estamos haciendo un curso libre en una materia en que los venezolanos han hecho posdoctorado. Podemos preguntar sobre la experiencia a alguno de los millones que se han visto obligados a exiliarse en nuestro país.
El saqueo del Estado es el verdadero sostén de la dictadura y el abuso de poder se los permite. Lo demás son narrativas o novelas. Puros cuentos.
