Luego del triunfo de la oposición en las elecciones de Venezuela y la negativa del régimen a reconocerlo, se ha abierto una disyuntiva para el gobierno Petro, complicada por su propia debilidad en la política nacional. ¿Se impondrán sus ideas y su solidaridad “revolucionaria” con la dictadura, como en el caso del petróleo y del carbón, sobre la conveniencia, necesidades y voluntad de una mayoría de colombianos?
El aplazamiento o prolongación de la crisis solo conviene a Maduro. Su estrategia consiste en desbaratar a la oposición a cuentagotas y consolidar su poder. Quienes se suben a la tarima con María Corina son enviados a la cárcel luego de las movilizaciones. Se trata de desmoralizar y aniquilar a la oposición, como antes lo hicieron Hitler y Stalin. A Maduro le urge comprar tiempo y la actitud del gobierno de Colombia, al anteponer su rol como supuesto “negociador” a la propia conveniencia de nuestro país y nuestra democracia, le ayuda.
La advertencia según la cual lo que ocurre en Venezuela podría ocurrir en Colombia en el futuro es infundada. En realidad, está ocurriendo ahora. Maduro y Ortega ya nos matonean. Las amenazas de los dos dictadores a la democracia colombiana y a cada uno de nuestros compatriotas no pueden ser más expeditas: “Tenemos muchos amigos en Colombia, mucha gente que nos quiere en Colombia. Aquellos que osen, como han osado desde Colombia, a tratar de agredir a Venezuela, nuestros amigos nos protegerán. Nos seguirán protegiendo”, expresó Maduro en la reunión del ALBA. Ortega, por su parte, advirtió de una “contrarrevolución” desde Colombia ante lo cual enviaría sus combatientes “sandinistas”. Nuestra respuesta ha sido, además del silencio presidencial, el viaje privado del excanciller Leyva.
¿Quiénes serán los amigos colombianos que protegen a Maduro? De seguro, los grupos armados y narcotraficantes que se arropan en su territorio. No podemos olvidar, sin embargo, que se ha referido a Petro como su consejero, a un alto costo para este. Las encuestas, en Colombia como en Venezuela, coinciden en la impopularidad del régimen y el hoy presidente de Colombia, concordando con su silencio ante la dictadura, ha visto caer su aprobación hasta su punto más bajo, 29 %, en la más reciente encuesta.
La reunión entre el excanciller Leyva y Maduro sobre “la paz de Colombia” parece, más bien, un salvavidas “secreto” para la supervivencia del régimen. Antes, las propuestas de intermediación de Colombia, México y Brasil han sido desechadas por la mayoría de los gobiernos democráticos. Human Rights Watch calificó la propuesta de los mediadores para repetir elecciones como “una burla”.
En el mismo sentido las advertencias del expresidente Santos a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores de Colombia: “el régimen perdió toda legitimidad y debe salir. Es lo que más conviene a la región y en particular a Colombia”. Lo más significativo en su carta, sin embargo, es el aviso de que las dictaduras agonizantes suelen buscar enemigos externos para ganar tiempo, seguidas de su llamado a revisar nuestras capacidades militares ante un eventual conflicto “con Venezuela”.
Llama la atención que la advertencia venga del expresidente Santos, quien conoce como pocos la situación, pero además es socio del presidente Petro en una versión de la paz que, en realidad, le ha servido de poco al acuerdo firmado con las FARC en su mandato. Por otra parte, el expresidente cuestiona al gobierno Petro en sus declaraciones, pero sus amigos, comenzando por el ministro del Interior, están intentando perpetuar la coalición que ganó las pasadas elecciones.
¿Constituye un cruce de caminos, entre política interna y política exterior, la situación de Venezuela para el gobierno Petro? Existen aspectos que los identifican, como los calificativos de “fascistas” y “nazis” para cualquiera que se aparte de sus dogmas, además de sus convicciones “revolucionarias” y su desprecio por los contrapesos del sistema democrático. ¿Es diferente la revolución de Petro a la de Maduro y Ortega? Es una inmejorable oportunidad para aclararlo.