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La histórica responsabilidad del Congreso

Luis Carvajal Basto

12 de marzo de 2023 - 09:02 p. m.

De acuerdo con nuestro sistema electoral el país votó, mayoritaria pero no absolutamente, por el “cambio”. El sistema de contrapesos, como nunca, debe funcionar, mucho más en ausencia de una oposición consistente. Partidos y movimientos que acompañaron la elección de Petro, además de apoyarle en la concreción de unas propuestas que, como se ha visto, se encontraban en pañales, tienen la obligación de conectar a un gobierno inexperto con la realidad y votar con independencia lo que no convenga a todos.

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Ante el trámite de unas reformas que pretenden articular el universo mágico, de acuerdo con la visión del presidente, con el país y el mundo reales, el Congreso afronta su responsabilidad más importante en varias décadas. Aunque las mayorías de la coalición de la era del “cambio”, al igual que en el pasado, se encuentran pegadas con mermelada, guardamos la esperanza de que el Congreso cumplirá con sus responsabilidades. El país estará atento.

Los discursos del presidente dejan la impresión de que continúa como candidato, sin comprender sus responsabilidades con todos y no solo con quienes le eligieron. Unos supuestos compromisos con su electorado sobre una promesa de cambio a la que se le dificulta expresarse en la realidad, que jamás se dimensionó ni precisó y frecuentemente deja ver un espíritu de revancha. Poco se ocupa de problemas como una devaluación y una inflación galopante, incentivada por el incremento de fletes que producen casi tres bloqueos diarios de importantes vías. En la agenda de la opinión el universo mágico, sin embargo, se sigue privilegiando sobre el real, como si siguiéramos en campaña, confirmando que se encuentran a la vista las elecciones regionales, hábitat natural de influenciadores, activistas y políticos, pero no de los gobiernos.

El eje de las reformas no son los problemas y el bienestar de nuestras gentes sino las promesas- y la particular mirada- del presidente. No lo son las cifras, y en ocasiones ni siquiera las leyes, sino sus ideas. ¿No les dice nada que en todas las encuestas nuestro sistema de salud reciba, mayoritariamente, la aprobación ciudadana? En un mundo en que casi todas las variables son susceptibles de medirse la opinión pública no conoce modelos que sustenten las ventajas de los cambios propuestos. No existe ningún trabajo serio que haga presumir que el sector público debe ser, como principio, enemigo del privado o que pueda ser más eficiente o menos corrupto. Todos apuntan- de acuerdo con la experiencia histórica en todos los regímenes- en sentido contrario. Como en la postura presidencial sobre el metro de Bogotá – una que puede no solo ponerlo bajo tierra sino enterrarlo – se trata de lo que al presidente “le parece”, aunque el sistema de salud se encuentre, en la práctica, preavisado y en interinidad lo que se empieza a observar, en el mundo real, en la escasez de medicamentos.

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Hechos similares se empiezan a observar ante las anunciadas reformas laboral y pensional. En ellas la capacidad de solucionar problemas reales debe primar sobre los imaginarios. Con una tasa de informalidad cercana al 60 % una reforma laboral debe centrarse en su estímulo, creación y formalización. En el caso de la pensional no se trata de quien administre los recursos -otra vez la revancha contra el sector privado-, sino de garantizar su estabilidad e incrementar el número de colombianos que puedan acceder a ellas privilegiando la sostenibilidad del sistema. En épocas de ferias y fiestas suceden alcaldadas, pero duran muy poco. Es francamente populista proponer como solución al problema pensional la reducción de aportes en relación al número de hijos, como es inconstitucional trasladar los recursos de ahorradores privados al sector público.

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Lo peor que les puede pasar a las reformas es su determinación, como en el pasado, por los intereses y voracidad de los políticos y no por la preeminencia del interés general que la función del Congreso supone. Difícil conseguir objetividad en un año electoral, pero esas son las reglas y así están las cosas. En un país sin partidos reales, es en la institucionalidad que puedan ejercer y proteger que se encuentran fundadas nuestras esperanzas. Su responsabilidad es enorme con el país y la historia. El triunfo en las elecciones lo logró una coalición. Ese hecho, y no solo la visión y caprichos del presidente y sus activistas ministros, debe expresarse en las reformas.

@herejesyluis

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