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Llegó la vacuna

Luis Carvajal Basto

22 de noviembre de 2020 - 10:00 p. m.

La disponibilidad inminente de la vacuna por parte de al menos tres laboratorios con credibilidad y experiencia se confirmó la semana anterior convirtiéndose en la noticia del año, aunque, dada su importancia, hubiese pasado un poco desapercibida. Una maravillosa nueva que esperábamos, siendo advertidos de la necesidad de anticiparnos, entablar negociaciones y preelaborar un esquema de distribución de inmensa utilidad ahora que los aspectos logísticos serán, como se anticipaba, el cuello de botella del problema. Llegó la hora de aplicar teorías y discursos; de aprobar o reprobar una gestión por parte de los gobiernos a todos los niveles.

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Siendo prioridad la vida de los seres humanos, hemos comprendido el vínculo indisoluble entre economía y salud pública, propuesto en su momento como un falso dilema. Sabemos más de la pandemia y de sus efectos en la pobreza, la economía y el empleo. Conocemos que su impacto en el crecimiento mundial será en 2020 de -4.5% (FMI) y en Colombia de – 8.2 %, un nivel de daño inferior al que en algún momento estimamos. Por cuenta de ella se han perdido en el mundo millones de empleos y en nuestro país la tasa de desempleo, prácticamente, se dobló mientras solo un tercio de ellos se ha recuperado con los niveles actuales de reactivación, posibles, en buena medida, por la utilización de datos combinada con disciplina y cultura ciudadanas, una variable que, sin vacuna, nos condenaría a un indeseable e inestimable espiral de enfermedad, muerte e incertidumbre.

El restablecimiento de la salud y la economía será proporcional al tiempo de aplicación de la vacuna. Aunque tenemos puesto el foco en la reactivación, no se trata de un concepto abstracto. La recuperación de nuestras vidas, y también de la economía, dependerá, en gran parte, de la celeridad en su aplicación y, mientras tanto, del aislamiento y distanciamiento, una responsabilidad individual a la que la ciudadanía ha respondido a pesar de la calamidad del desempleo que ha afectado a millones de compatriotas. En ausencia de vacuna los paliativos de aperturas limitadas, por ejemplo, en hoteles, viajes y restaurantes, serán siempre fugaces como está demostrando la experiencia europea.

Aislamiento y distanciamiento, únicas armas disponibles hasta ahora, cada día se ven confirmadas por evidencia científica. Sin una apertura completa, solo posible con la vacuna, no rescataremos los empleos perdidos. En síntesis, la reducción del periodo de recuperación no dependerá tanto del éxito de unas políticas, cuyo efecto y recursos se agotan con el calendario, como de la celeridad en la aplicación de la vacuna, único remedio eficaz contra el virus y la incertidumbre.

Pero nuestros problemas no terminan allí. El mundo, debatiéndose entre la esperanza de la vacuna y el aumento de muertes y contagios, ha debido afrontar una recesión que no sospechábamos el pasado diciembre. Gobiernos, bancos centrales y organismos multilaterales han debido esforzarse a fondo sin que su actividad logre reemplazar la dinámica de las economías. Las expectativas de una economía con vacuna son mucho mejores, pero no suficientes como para jalonar la demanda hasta donde necesitará el mundo que sobrevendrá. Si la vacuna se comienza a aplicar en diciembre, un escenario bastante probable en algunos países, los niveles de demanda sentirían su impacto apenas en el segundo semestre de 2021.

Así lo ha estimado, por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía, al vaticinar la dinámica del mercado de petróleo, tan importante para Colombia. Según esa entidad los niveles de petróleo negociados, aún en un 2021 con vacuna, estarán por debajo de la demanda anterior a la pandemia, confirmando que nos esperan tiempos difíciles, ¿pero cuál sería el escenario sin vacuna?

Es momento de actuar. El gobierno deberá apresurar el calendario de su negociación, compra y distribución. Una prueba de su verdadera capacidad de gestión. Un indispensable primer paso para recuperar el control de nuestras vidas.

@herejesyluis

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