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Las reformas anunciadas por el gobierno deben tomarse el tiempo necesario para aclimatarse y encontrar consensos luego de una indispensable concertación. De eso se trata cualquier proyecto de unidad o acuerdo nacional en que manifiesta encontrarse empeñado. Al calor de la política menuda y el afán, las decisiones asumidas para “salir del paso” han hecho fracasar sucesivas reformas políticas y tributarias en el pasado, con consecuencias como los estallidos sociales que una clase política incapaz no logró comprender ni tramitar. En el momento político que vivimos podrían hacerse, finalmente, realidad o, por el contrario, profundizar y protocolizar nuevas rupturas.
Si alguna palabra recoge el espíritu de la reciente Cumbre de empresarios ―mejor un socio que un contradictor para cualquier gobierno― esa es incertidumbre. No pudo ser despejada por el ministro Ocampo con su intervención. El escenario de piso establecido por él ―25 billones de recaudo―, no parece una cifra descabellada, pero la conversación no puede agotarse en gravámenes. A todos nos gustaría recibir señales de eficiencia y que del ajuste hiciera parte una estrategia anticorrupción concreta. Incluso una eventual ampliación de la base tributaria, como propuso la comisión de expertos en 2021.Un nivel de tributación desproporcionado terminará en una fuga masiva de capitales, como ocurrió en Chile o en Perú.
La incertidumbre no se refiere solamente a la reforma tributaria. Por supuesto necesitamos una reforma laboral, sobre la que se escuchan múltiples y encontradas voces al interior del mismo gobierno. La supresión de “nóminas paralelas” debería acompañarse de la ampliación de las plantas de las entidades públicas para acoger a los trabajadores que, siendo permanentes, porque son necesarios, se han considerado transitorios. Los ingresos de miles de familias no pueden considerarse “gastos superfluos”. También necesitamos conocer los números de los efectos sobre la competitividad que tendría un cambio en las actuales reglas de contratación privada, para no propiciar pérdida de empleos.
En el área ambiental no quedan claros los límites de un eventual ajuste en la explotación de petróleo y gas, incluyendo el fracking, en un momento en que el mundo clama por recursos energéticos y en la Unión Europea, abanderada de la transición energética, se reabre, incluso, la explotación de carbón. Existe un consenso mundial para la transición energética que, sin embargo, no puede Colombia financiar unilateralmente, sacrificando nuestra principal fuente de divisas. La atemporalidad de una política, necesaria en el largo plazo, pero impracticable en el momento, ralentiza la inversión y alimenta la incertidumbre y el precio del dólar, deteriorando los términos de intercambio.
La clase política ha demostrado su incapacidad de auto reformarse. Otra reforma política que se sume a las innumerables aprobadas y fracasadas, no puede reducirse a aspectos de mecánica electoral como ocurre con la que se encuentra en curso, la que debe hacer parte de un ajuste integral. Tampoco desconocer los cambios de la política en la era digital- como hemos advertido por años desde esta columna-, que han venido convirtiendo una democracia sorprendida e inerme en un concurso de influenciadores o, como empieza a llamarse apropiadamente, infocracia, que premia a los más avispados, pero excluye a la razón científica y a los más capaces. Otras voces deben ser escuchadas.
Necesitamos hacer un alto y pensar, antes de seguir adelante hacia ninguna parte. Todos queremos cambios, como quedó evidenciado en la reciente elección, pero no para empeorar. A riesgo de improvisar al gobierno corresponde convocar mesas temáticas de todo nivel que excedan el clima de intereses del Congreso e involucren a la ciudadanía, en las áreas citadas para balancear los elementos, recursos, sectores, actores e intereses actualmente en juego. Un buen ejemplo, sobre la importancia de consensuar a cambio de imponer, nos ha ofrecido el actual embajador de los Estados Unidos- principal promotor de la fracasada política antidrogas- al afirmar: “se trata de escucharnos y ver como se pueden cuadrar las perspectivas”. “Quien va despacio llega lejos”, se puede añadir.
