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No se crea el cuento de la crisis. 3.7% no es tan malo

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Luis Carvajal Basto
23 de septiembre de 2008 - 01:31 a. m.
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Desde hace un tiempo, en el mundo se habla de crisis .El asunto empezó con la sobre oferta de vivienda en los Estados Unidos y las hipotecas que no se pudieron pagar, por préstamos con cuotas muy bajas. El fantasma de la gran depresión se menciona continuamente. Nada menos cierto y nada peor que  convencernos de que es verdad. En Colombia el Gobierno y el Banco de la República, deben actuar positivamente.

En este planeta, afortunadamente cada vez más informado e integrado, es bien difícil que una crisis como la de 1930 se pueda repetir. Los expertos tratan de explicar la situación con los indicadores de las bolsas y estos retroalimentan un circuito en que el ciudadano común se convierte en un objeto de lo que le informan. No siempre completo ni “bien”

Es bien complejo que los mismos economistas se pongan de acuerdo acerca del momento en que una fluctuación natural se convierte en crisis y lo es más, conseguir un consenso sobre los factores que la generan. Las teorías más usadas acerca de las crisis fueron diseñadas cuando la informática no se cruzaba por la mente de los economistas y los inventarios de las empresas y del sistema, no estaban interconectados e informados, contrario a lo que ocurre hoy.

La del 30 fue una crisis explicada comúnmente por diferencias entre la producción y el consumo y pago de mercancías y una caída generalizada de  precios. La de ahora se explica mejor como una del mercado financiero. En esa época, los bancos centrales no tenían la influencia que hoy tienen, ni la capacidad de responder tan rápidamente a cambios bruscos en los mercados. Con una respuesta conjunta de los principales de ellos, que inyectaron simultáneamente miles de millones de dólares y la decisión de la reserva federal de comprar empresas en bancarrota, las bolsas del mundo al finalizar la semana anterior, repuntaron.

Vale la pena discutir acerca de si un banco central debe “rescatar” una empresa quebrada si, al fin y al cabo, cuando estas ganan no reparten sus utilidades. En este caso la intervención de la reserva federal se justifica porque está en juego la salud económica de todos los ciudadanos.

En Colombia la escasez de dólares se ha sentido y  cerró la semana anterior la rondando los $2.200, situándose ayer más cerca de los $2.000.Los exportadores están contentos, pero los empresarios que compran insumos en el exterior se resienten y los consumidores también.

Un dólar entre $2.000 y $2100, como parece ser la tendencia se acerca a un precio de equilibrio, que puede no justificar que el Banco de la República siga comprando, como política. Y hablando de las razones de una crisis de verdad, la perdida de la confianza y”lo que la gente cree” puede explicarla mejor que cualquier modelo econométrico. Hace casi 200 años John Stuart Mill ya encontraba en ella y en factores psicológicos, sus más importantes fundamentos.

Siguiendo ese criterio, lo peor que podemos hacer es “creernos” que estamos en crisis. Si nos convencemos de ello, dejaremos de comprar bienes y servicios que las empresas dejaran de producir, generando desempleo y una caída en el consumo y la inversión. Las cifras de crecimiento publicadas, cercanas al 3.7%, no son tan negativas, dado el actual entorno internacional en el que USA espera crecer al 2% y Europa, apenas al 1.3.

En Colombia, el Gobierno y el Banco de la República están demorados en dar señales de optimismo que serán  importantes para mantener  y estimular el crecimiento y el empleo. Un alivio en las tasas de interés y una rebaja real en el precio de los combustibles, en lugar de aumentarlos, perfectamente posible, conveniente y justa, serían bien apreciadas.

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