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Nuestra mala política

Luis Carvajal Basto

12 de septiembre de 2021 - 10:00 p. m.

Resulta incomprensible que con los problemas y necesidades de Colombia hoy sigamos creando una agenda política con argumentos judiciales de hace varias décadas. Con razón los jóvenes protestan al no encontrar propuestas ni canales de expresión que recojan sus problemas.

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A los millones de colombianos que eran niños entonces o nacieron después les pueden resultar extrañas o incomprensibles las disputas de expresidentes por sucesos de otra época, al punto que varios medios han debido recordarlos reviviendo nuestra historia reciente, la misma que nos ha conducido al lugar en que nos encontramos.

Aquí una breve versión: luego de perder las elecciones de 1994 y señalar al entonces elegido presidente Ernesto Samper de recibir apoyos del narcotráfico para lograrlo, en 1998 el candidato Andrés Pastrana, en una reñida elección derrotó en segunda vuelta al candidato liberal Horacio Serpa, a quien acusó de recibir dineros del narcotráfico, ahora desmentidos por los Rodríguez Orejuela, luego de perder con este la primera vuelta. Sus más importantes banderas fueron un inminente acuerdo con las Farc —fotografía promocional con Tirofijo incluida— y la erradicación de la nefasta influencia del narcotráfico en el gobierno y la política que dieron lugar al renombrado Proceso 8.000.

Casi tres décadas después, ante el llamado de la Comisión de la Verdad, Pastrana ha hecho pública una carta firmada por los protagonistas del escándalo, los hermanos Rodríguez Orejuela, respaldando su versión. Apenas unos días después los mismos Rodríguez revelaron que la carta fue producto de un chantaje del gobierno Pastrana y que, en realidad, ellos habían financiado todas las candidaturas, incluyendo la suya, respaldando así una visión compartida en ámbitos académicos, según la cual el narcotráfico transformó al país y cambió, para peor, las costumbres políticas.

El doctor Pastrana, por supuesto, debe aclarar su situación ente los organismos judiciales correspondientes, del mismo modo que él mismo en su momento y durante todos estos años lo exigió al expresidente Samper. La verdad debe ser establecida más no puede seguir siendo un argumento para ganar elecciones o lograr que otros las pierdan. El país debe apartarse de esa discusión respecto de la actual campaña presidencial, en lo posible. Luego del gobierno Pastrana y los que le sucedieron, el narcotráfico no desapareció pese a sus promesas de campaña. Tampoco su influencia en la política, como hemos confirmado en estas décadas convulsionadas y violentas.

Ha hecho carrera la idea según la cual las Farc “pusieron” desde entonces a los presidentes de Colombia, siendo más correcto afirmar que las elecciones estuvieron vinculadas al conflicto armado y este, a su vez, financiado y determinado por el narcotráfico pese a que los Rodríguez se encuentran desde el gobierno Samper, que los capturó, en la cárcel y el expresidente Pastrana ha reducido su discurso político a reclamar por su influencia desde las elecciones de 1994. En sana lógica debería comenzar una nueva versión del Proceso 8.000, ahora para explicar las conductas de Pastrana.

Pareciéramos caminando en círculos solo para regresar hacia ninguna parte. Mientras tanto se han deteriorado y lo siguen haciendo nuestras instituciones y costumbres políticas. En estos años la compra de votos y delitos contra el sufragio se han extendido y hemos conocido, solo en la punta de su Iceberg, los alcances de los carteles y redes de corrupción. A cambio de elevados egos, pataletas, peleas y rabietas necesitamos empleos, eficiencia en la ejecución de los recursos públicos y logros palpables contra la corrupción.

La política se refiere a las respuestas a las necesidades sociales, al correcto manejo de los asuntos del Estado y la solución de diferencias en su orientación, respetando unas normas legales, morales y éticas pactadas en nuestra Constitución. Tenemos en Colombia hoy una pandemia por resolver, millones de jóvenes para educar, millones de hogares que requieren atención, empleo y sustento. Millones de recursos públicos que se roban o dilapidan y nos encontramos en la puerta de unas nuevas elecciones. ¿A quién pueden convenir o interesar las peleas promovidas desde su propio espejo por el expresidente Pastrana? ¿Seguirán siendo una manera de orientar la actividad política en los próximos treinta años?

@herejesyluis

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