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¿Serán de “derecha”? No es tan extraño lo que ocurre con el Gobierno y la utilización e interpretación de cifras. Es una consecuencia natural de confrontar los discursos, los sofismas y las generalidades, con la realidad y los principios de las ciencias y la administración, como hemos solicitado, reiteradamente, desde esta columna, al comentar las promesas del presidente quien se encuentra reñido, ahora, con el uso de las matemáticas, cuando los resultados no le favorecen. Su trino sobre el error de la ministra de Minas, al intentar disculparla y según el cual “de hecho, casi todos los ministros de Minas han cometido el mismo error matemático”, al referirse a las reservas energéticas, intenta justificar un análisis que, a ese nivel, no puede ser más que preciso: el ministro del ramo no puede desconocer la diferencia entre reservas probadas y probables. Mucho menos justificar una política que compromete al país, fundamentada en supuestos falsos, como alerté en mi columna anterior.
Según las cuentas del presidente, si la ministra de Minas se encuentra familiarizándose con su cartera y conociendo sus cifras, la de salud, de manera asombrosa y pese a que no ha logrado estructurar su proyecto de reforma, ya ofrece resultados. Petro trinó: “Este es uno de los mejores éxitos de mi gobierno al reducir en cuatro meses con un plan de choque la tasa de mortalidad materna, uno de los indicadores fundamentales, de la salud”. Debió ser reconvenido por el exministro Ruiz, de nuevo por una interpretación matemática, al reclamar: “presidente porfa exija que no lo hagan decir barbaridades: su gráfica muestra el # de muertes absolutas, pero la titulan como razón de mortalidad”, para añadir que, en aras de la rigurosidad, debieron restar la influencia de las muertes por Covid, una variable elemental a considerar.
El problema con las matemáticas en el actual gobierno parece transversal a diferentes carteras, pero se encuentra liderado por el mismo presidente. La semana pasada pudimos conocer un estudio de Invamer sobre el sector de la salud en el que se indaga la percepción de los colombianos sobre sus aspectos más importantes. Hace un escrutinio del sistema y revela sus problemas y necesidades, confirmándose la hipótesis según la cual, para la mayoría de los ciudadanos, un 73 %, el actual sistema es aceptable o excelente y solo un 27 % lo califica como malo. Un 67 % no se encuentra dispuesto a cambiarlo por uno público mientras una minoría del 30 % sí lo haría. A falta de un estudio comparable en sentido contrario que avale el desconocido proyecto de reforma, ante la contundencia de los resultados, el presidente trinó, para descalificarlo: “Por ejemplo podemos criticar que se haga una encuesta con la empresa cuyos propietarios son la familia del fundador de las EPS y la intermediación financiera privada en la salud, y preguntarle a la prensa porque no le dice eso a sus usuarios que tienen todo el derecho a saberlo”. En este caso el resultado de una herramienta matemática intenta invalidarse con un sofisma traído de los cabellos según el cual el fallecido exministro que proyectó el modelo hace décadas sería pariente del fundador de la encuestadora. ¿Qué tal?
En la actual discusión sobre las modificaciones al metro de Bogotá, vale recordar que Petro alcalde se comprometió a construir 12 % (cinco kilómetros) de la línea de metro pesado; una red férrea y 44,1 kilómetros de esa red durante su mandato, además de la totalidad de un metro ligero. Ninguno de ellos se realizó, pero su alcaldía tardó ocho meses en reparar 100 metros de vía en la carrera 11 con calle 100, un lugar vital para la movilidad. Hablando de cuentas, si aplicamos la odiosa regla de tres, ¿cuánto tardarán en surtirse sus modificaciones al metro, un proyecto que por fin ha comenzado?
Ante tantos problemas con las cifras los partidos de la coalición diferentes al Pacto Histórico, que ha convertido en acto de fe las propuestas de su líder, no pueden pasar agachados. Deben revisar no las coincidencias o discrepancias ideológicas, constitucionales o presupuestales, de las reformas. Como lo hacen los ministros Gaviria y Ocampo en un acto de herejía, deben comenzar con las interpretaciones y la narrativa de operaciones complejas como sumas y restas al tomar su decisión.