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Petro: tiempo de gobernar

Luis Carvajal Basto

08 de agosto de 2022 - 12:00 a. m.

Por el bien de Colombia todos debemos esperar que le vaya bien a su gobierno. Y que sus supuestos ideológicos, los mismos que le sirvieron para convencer a una mayoría, se compaginen con la realidad, las leyes, la ciencia y los principios de administración y economía, en lugar de desafiarlos, lo que hizo, exitosamente, como candidato. Debe permanentemente recordar que el 50% del electorado no acompañó su propuesta, pero desde hoy gobierna también para ellos.

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El presidente electo se encuentra haciendo el tránsito desde su “montaña mágica a la llanura prosaica” de la realidad política del gobierno, un mundo reglado por transacciones e intereses y no por críticas o propuestas que le llevaron al poder. Tarde o temprano, las ideas, buenas y malas, se topan con la realidad, escenario natural de este y de cualquier gobierno. El acuerdo nacional que le permitió alcanzar mayorías en el congreso, por ahora es solo un objetivo a lograr y estará permanentemente a prueba, como se ha visto en la elección de contralor.

No ha sido buen precedente que miembros de su equipo intenten vacunar su gobierno repitiendo el estado de cosas que, sumado a la incapacidad de una clase política desprestigiada, precisamente, le permitieron ganar. Finalmente, será evaluado por sus hechos, medidos por el bienestar de la gente, y no por el número de quejas formuladas, un papel reservado a la oposición, espacio que ya no ocupa y hoy por hoy, pareciera vacante. Pese a ello no es posible desempeñar las dos funciones, gobierno y oposición, al mismo tiempo.

Pese a las advertencias de la comisión de empalme, según la cual está “raspada la olla”, la Colombia de 2022 que encuentra es mucho mejor que otras Colombias que le precedieron. Para comenzar, hemos superado la parte más dura y dolorosa de la pandemia, junto con las guerras, la corrupción y el narcotráfico, el más complejo problema público de nuestra historia. Desde su punto de vista el alcance constitucional del Acuerdo con las FARC tiene, cuando menos, un camino allanado. Los ingresos y las exportaciones petroleras no pueden considerarse un pasivo en el mundo real. Tampoco la manera como la economía está respondiendo positivamente a la pandemia. ¿Déficit fiscal? ¿De la balanza de pagos? Teniendo tanto por hacer en inclusión e igualdad, estamos en mejor situación que la mayoría de países con un nivel de desarrollo similar. “Raspada la olla” puede estar en Venezuela o Argentina, países con escasas reservas y a los que nadie les presta desde antes de la pandemia. Allí no solo se acabaron la pega sino la confianza en sus gobiernos.

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Petro, el presidente, debe superar, rápidamente, su faceta de candidato en la que le ha sido rentable denunciar, criticar y lamentarse. Gobernar se trata de administrar recursos y ejecutar políticas superando intereses encontrados, constantes turbulencias e incertidumbre. No valen disculpas, ni siquiera anticipadas, debieron contarle sus antecesores. Desde esa óptica las ciencias de gobierno cuentan hoy con poderosas herramientas que le pueden ayudar para lograr eficiencia en el manejo y utilización de los recursos públicos, como lo pudo probar su correligionario Camilo Romero desde la gobernación de Nariño en quien podría apoyarse. En términos de eficiencia no todo se trata de gravámenes e impuestos, el camino más fácil pero el más doloroso. Ha recibido un mandato para terminar la corrupción en el que todos los colombianos esperamos más que denuncias, resultados.

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Petro debe superar las malas experiencias de otros gobiernos “de izquierda” en Latinoamérica ―las mismas que despiertan desconfianza e incertidumbre― pudiendo utilizar principios universales de administración, buenas prácticas basadas en experiencias globales, condensadas por la OCDE de la que Colombia, afortunadamente, hace parte. Inclusión, lucha contra la evasión, educación pertinente y desarrollo son propósitos comunes. Una verdadera vacuna contra eventuales “locuras”―como las ha calificado el ministro Ocampo al advertir que no las permitiría ― que rondan las cabezas, las costumbres y el lenguaje de algunos de sus voceros.

Llegado al gobierno se trata de hacer más que criticar. El país estará atento, más que a sus discursos, a sus resultados. Ojalá no pierda de vista que, en cualquier caso y desde cualquier ideología, gobernar se trata de administrar recursos siempre escasos. De que la gente viva mejor y, si se puede, “sabroso”, sin pasar por encima de los derechos de nadie bajo ningún pretexto.

@herejesyluis

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