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Ensamblar las expectativas de un candidato con la realidad puede desgastar a políticos y partidos, en un ejercicio que depende de dos variables: la asertividad de sus propuestas y su capacidad de gestión. A Petro no le va bien con ninguna de las dos. Pese a ganar las elecciones apenas el año pasado el deterioro ha sido acelerado, como se observa en el Congreso con la ruptura de su primera coalición, pero también en la opinión, como lo registran las encuestas. Todavía no es tarde para ajustar su gobierno a unas realidades que frecuentemente desconoce, en lugar de responder a la adversidad polarizando y amenazando.
A cambio de afirmar, que “se quiere desconocer a un gobierno elegido popularmente”, en la intención de presentar cualquier disenso como una anomalía, para despistar a incautos, debe reconocer que su triunfo fue producto de una coalición, como se observa en la composición del Congreso. El Pacto apenas obtuvo el 15 % de la Cámara y el 19 % del Senado. La más reciente encuesta de Invamer revela que solo un 35 % aprueba su errática gestión. La opinión y el Congreso comienzan a ponerlo en el lugar que corresponde.
Su pérdida de popularidad pudo observarse en un “balconazo” convertido en exiguo taburete, apenas disimulado por su coincidencia con las tradicionales movilizaciones del día del trabajo. Su frecuente invocación a dirigentes históricos del liberalismo, con el propósito de atraer a despistados liberales, cada vez es contrastada con sus propias ambigüedades y yerros. Seguimos sin saber si le habla al núcleo duro de quienes le eligieron; a las primeras líneas o a todos los colombianos que ahora representa.
Asistimos al desencanto de gran parte del electorado con su gestión. Pudo, en su momento, conquistar sectores del centro y medios que se le han retirado, como lo han hecho muchos colombianos que desconocían la versión de Petro gobernante. La “paz total” se parece más a “caos general” en la “Colombia profunda”, como ocurre en Cartagena del Chairá y ocurrió en el secuestro de policías. Regiones, trabajadores y familias que dependen, directa o indirectamente, de la industria petrolera y otros sectores, pero también quienes, por su nivel educativo, conocen los efectos de una errada y atropellada perspectiva de políticas que ha movido hacia arriba la tasa de cambio y hacia abajo las expectativas de inversión, crecimiento y empleo, como los exministros Ocampo, López y Gaviria, a quienes ahora califica de “tramposos”. Ni hablar de la pretensión de convencernos de que el sistema de salud es “de los peores del mundo”. Buena parte de la población quería cambios, pero no los propuestos por Petro quien no ha sabido interpretarlos. No ha resultado el eficiente gestor que las circunstancias reclamaban. No está peleado con una oposición hasta ahora silenciosa sino con la propia realidad.
Ante la evidente promoción de la polarización y las frecuentes amenazas del presidente, en un hecho pocas veces visto las asociaciones gremiales le solicitaron “simbolizar la unidad nacional y a respetar el equilibrio de los poderes públicos” al recordarle que Colombia es un Estado de derecho. A ese llamado se ha sumado la Corte Suprema al señalar que “desconocer o malinterpretar las bases de nuestro Estado de derecho crea incertidumbre, fragmentación e inestabilidad institucional”. Simultáneamente algún congresista, ante la amenaza de convocar a una Constituyente -que hoy el gobierno perdería- a raíz del hundimiento de la reforma a la salud, señaló que ellos también podían abrir paso a la convocatoria de nuevas elecciones.
La situación creada castigará al Pacto en las elecciones regionales, pero nos perjudica a todos. La pugnacidad promovida desde el mismo gobierno aumenta la incertidumbre deteriorando la convivencia y la economía. El asunto no se soluciona, como lo hace el presidente, desconociendo a conveniencia nuestro sistema de contrapesos, ni a los gremios ni a las Cortes, tampoco responsabilizando a los medios. Menos cooptando uno a uno respaldos de los congresistas. El reconocimiento del presidente, no de sus contradictores sino de la propia realidad, comenzando con el lugar que ocupan él y las demás ramas del poder, le podría y nos podría ayudar.
@herejesyluis