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Ante la gravedad de la emergencia planteada por el COVID-19, fuerzas políticas, instituciones y ciudadanía deben hacer un esfuerzo para reducir fricciones, o cuando menos posponerlas, y actuar unidos en una guerra para la que contamos con escasas herramientas. Una de las más importantes puede ser la solidaridad que impone nuestra condición humana, pero no debe descartarse el aporte de esa unidad para lograr éxito o fracasar. Cabe esperar unidad en torno a los gobiernos, nacional y locales y coordinación armónica entre ellos.
Conocíamos que economía y política en 2021 también dependerían de la gestión de la pandemia. En un escenario inédito el Estado, disminuido por una pérdida global de confianza pública, se ha elevado de nuevo como el verdadero gestor del interés general. Sin su intervención a fondo en todos los países, la crisis que vivimos sería mucho peor y estaríamos en caos. Paradójicamente, ese Estado “salvador” se ve afectado por los efectos de la enfermedad en la sociedad, de la que no desaparecen intentos por socavarlo.
La política, insisto, se refiere a la manera en que resolvemos diferencias de intereses respetando unas reglas en procura del interés general. La política entre Estados se ha visto influenciada, cómo era de esperarse, por el proceso de vacunación, trascendiendo la inclinación a priorizar el interés nacional, un fundamento obsoleto del Estado-nación sobre el que debe primar nuestra condición humana. En un mundo en que problemas mundiales —salud pública, medio ambiente, clima y la misma economía— se abordan desde una perspectiva nacional, sin acuerdos ni decisiones globales de obligatorio acatamiento, la competencia por vacunas parece más bien una rapiña: en política real, de su consecución depende el bienestar de la población, pero también popularidad y gobernabilidad —la supervivencia— de los Ejecutivos.
Sin embargo, la guerra contra el COVID-19 no debe comprometerlos solo a ellos, que deben contar en momentos como este con capacidades excepcionales, como lo reconoce nuestra Constitución. ¿Debemos recurrir a un préstamo extraordinario del Banco de la República al Gobierno? No parece todavía el momento adecuado, pero no podemos renunciar a esa herramienta como principio, un debate parecido al que debimos superar, forzados por las circunstancias, sobre la regla fiscal. Se trata de un recurso a disposición de los gobiernos, un instrumento de política al que no pueden renunciar, aunque pueda ser utilizado para hacer politiquería en este año preelectoral.
La disrupción entre Estado-nación y globalización puede explicar la actual disputa entre la Unión Europea y Reino Unido por el suministro de vacunas, una situación que no se presentaría sin el brexit. Para comprender mejor el momento y nivel alcanzados por los actuales conflictos de intereses, la Unión Europea acaba de reclamar su capacidad para intervenir la exportación de vacunas por parte de las empresas productoras, una situación que devela el carácter excepcional de la coyuntura.
Antes de ello pudimos observar los conflictos internos entre los diferentes niveles de gobierno en Estados Unidos, Brasil, Italia y España, una tendencia de la que Colombia afortunadamente hasta ahora ha logrado escabullirse. Podemos afirmar que la política de salud pública trazada por el Gobierno nacional ha logrado avanzar de manera unificada con mandatarios de diferentes vertientes y colores políticos con los que hemos observado diferencias de opinión mas no rupturas. Con matices, hemos avanzado unidos, como debe ser, por el bien de todos. Los diferentes niveles de gobierno han tenido en común el respeto a la evidencia científica privilegiándola en sus decisiones sobre sus particulares visiones, pretensiones o planes de gobierno prepandemia.
El ambiente creado por las revocatorias a algunos gobiernos locales, siendo constitucional e inevitable, no ayuda al necesario clima de unidad. Más bien, nos recuerda la proximidad de las elecciones y la escasez de banderas políticas, cuando la mejor puede ser colaboración y ayuda en la gestión de la pandemia. Desde la misma óptica pueden observarse las pedradas dirigidas al plan de vacunación, aunque no tengamos certeza en las fechas de su aplicación. La confidencialidad, en las circunstancias, debe respetarse, lo que no exime al Gobierno nacional de su responsabilidad, pero todo tiene momentos. Lo que procede como colombianos en el que afrontamos es rodearlo.
