El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Presidente: esa película ya la vimos

Luis Carvajal Basto

08 de junio de 2026 - 12:02 a. m.

El centro ya pasó por ahí. Luego de perder las elecciones, el llamado a que los sectores de centro sobrevivientes apoyen como en 2022 la candidatura petrista pretende llevarlos, mediante un anuncio de suspender su convocatoria de la Constituyente, a tropezar de nuevo con la misma piedra. Sobre esa piedra firmó Petro, con Mockus como testigo, solamente para conseguir el respaldo de sectores de centro, que jamás convocaría una constituyente. Luego se dedicó, a conveniencia, a confrontar la constitución y amenazarla. Para Petro la constituyente es, apenas, una estratagema política que unas veces invoca como esperanza y otras como amenaza ejerciendo su verdadera vocación y la de todos los líderes autoritarios: quedarse en el poder para siempre. La moderación que ahora intenta mostrar, ante su inminente e inevitable derrota, es un cuento difícil de creer. Estamos viendo a pirómanos disfrazados de bomberos pidiendo ayuda para el siguiente incendio.

PUBLICIDAD

Las promesas tienen memoria. El centro aprendió, parcialmente, la lección. La alternativa de sustituirla por un acuerdo para ganar elecciones, llamado “Acuerdo Nacional”, también fracasó en el gobierno Petro y solo sirvió como anzuelo para el centro. ¿Será tan inocente el profesor Fajardo como para morderlo?

Hace apenas cuatro años, el entonces candidato Petro hizo múltiples compromisos dirigidos a tranquilizar a los sectores moderados e independientes. Muchos votantes que no compartían plenamente su visión ideológica decidieron respaldarlo porque creyeron en esas garantías. La película de sustituir la constituyente por un acuerdo nacional ya la vimos. Luego de ganar las elecciones invitó a su gobierno a representantes de sectores centristas, como los exministros Ocampo, López y Alejandro Gaviria y el exdirector de planeación, creador y custodio de su plan de desarrollo, Jorge Iván González. Su acuerdo funcionó solamente hasta que comenzó a dar órdenes irracionales a sus ministros, motivado por la agenda de la reelección que solo él conocía. Su talante se reveló cuando intentó dar las mismas órdenes a las cortes, al Congreso e incluso a la Fiscalía, de la que se autodeclaró jefe. Luego de todo lo anterior es difícil creer en acuerdos y llamados a un Pacto que, en realidad, los viola.

El intento de hacerse nuevamente a los votos del centro ocurrió luego de que la campaña del Pacto cometió todos los errores posibles llegando al increíble hecho en el que Petro -cual Supermán– amenazó con oficializar el rol que venía desempeñando como jefe de debate de Cepeda, para lo que debería renunciar. Finalmente se quedó por cuanto, en términos prácticos, podía seguir ejerciendo su función como lo sigue haciendo y tratando de disimular el trato de marioneta otorgado a Cepeda, un candidato que lee sus discursos y no se mueve un milímetro sin consultarle.

Pero luego de la derrota Petro ya no es Petro y Cepeda no es Cepeda. Dicen que este le dijo que si renunciaba él también lo haría. La relación entre ellos, como en Cumbres Borrascosas, destruye todo lo que toca. No pueden construir una vida juntos, pero tampoco logran desprenderse el uno del otro. La ausencia termina siendo tan devastadora como la presencia. Cepeda es tratado por Petro como su Adlátere, pero sin él, y sin el apoyo de su gobierno, no es nada. Petro, sin Cepeda, se queda sin esperanza de eludir una inevitable rendición de cuentas que no lo deja dormir.

Cándidamente el profesor Fajardo incluyó en su decálogo el retiro de la constituyente y la fracasada Paz Total. Olvida que ahora, como en 2022, para ganar las elecciones se pueden comprometer a cualquier cosa. Pero ya conocemos el libreto. Resulta difícil comprender la confianza con la que algunos dirigentes, como Claudia López, vuelven a aceptar nuevas promesas, nuevos documentos y compromisos solemnes a sabiendas de que les van a poner conejo a ellos y a Colombia.

La confianza perdida no se recupera con firmas ni declaraciones. Una inmejorable analogía fue realizada por un muy reconocido representante del centro, el exvicepresidente Humberto de La Calle, al afirmar sobre Petro: “Comenzó como López Pumarejo y terminó como Chávez”. ¿Será ahora diferente? La opinión pública no es manipulable indefinidamente, muy querido profesor Fajardo.

@herejesyluis

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.