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El desenlace de la invasión a Ucrania pondrá el hito más importante para la sociedad humana luego de la Segunda Guerra Mundial. Putin jugo sus cartas y aunque China no lo haga -no del todo todavía- su actitud será crucial. No se puede perder de vista que se trata de un pulso entre una democracia con inmensos problemas, que aún no refleja en las instituciones las transformaciones de la revolución digital en la globalización, y el autoritarismo.
La amenaza nuclear de Putin marca la diferencia entre este conflicto y los ocurridos desde 1950, incluidas las guerras de Vietnam y Corea. Aclaremos que se trata de una invasión larga y fríamente calculada e hicieron falta solo 4 días para que se surtiera la bárbara amenaza que pretende poner una mordaza a cualquier solución diplomática diferente a los designios del dictador. Si el mundo cede ahora nada ni nadie lo detendrá y todos en el planeta deberemos vivir bajo sus órdenes.
La aclaración del ministro Lavrov, según la cual la única alternativa a las sanciones contra Rusia es “una Tercera Guerra Mundial, una guerra nuclear devastadora”, descarta formalidades. También descarta el uso parcial de ese tipo de armas como una movida para negociar en “mejores” condiciones y luego bajar el volumen de la confrontación. Escalar para desescalar, como parte de una estrategia. Lo que en algún momento fue una invasión se ha convertido en un conflicto del dictador contra el resto del mundo. Así lo han entendido la inmensa mayoría de países que le condenaron en la ONU.
Todo esto ocurre porque las herramientas de las que dispone la ONU, lo más parecido un gobierno mundial, son insuficientes. En este momento su misma supervivencia, como la de la especie humana después de la amenaza, se encuentra desafiada. El artículo 1 de la Carta de Naciones Unidas es ambiguo: se refiere a eliminar las amenazas a la paz mundial por medios pacíficos, lo que ante tiranos como Putin resulta imposible. La ONU carece de una fuerza militar y sus cascos azules tienen un alcance limitado. Putin, como nadie, lo sabe.
El escenario actual no se parece a algún tipo de orden sino a uno de desorden mundial que requiere actualizarse. Inermes, 7.800 millones de seres humanos nos encontramos en riesgo de desaparecer ante la voluntad de un dictador. La OTAN, los Estados Unidos y los demás gobiernos democráticos hacen lo que corresponde y todos esperamos que lo hagan bien- incluyendo el cálculo y anticipación a las acciones de Putin- respaldados moralmente por la mayoría de los países, pero se hace necesario, de parte de la ONU, una mayor capacidad conminatoria. En la crisis, nos encontramos ante la oportunidad de enmendar esa situación.
¿Asistimos al nacimiento de un nuevo orden mundial? Cuando menos a un gran hito en el largo proceso de su construcción. Uno en que el mundo avanzará hacia una sociedad más humana, democrática y justa o retrocederá hacia el oscuro submundo de imperios, tiranos y dictadores.
¿Es posible mediar sin ceder? China observa prudentemente los acontecimientos. Sus identidades con Putin no son ideológicas, como en el pasado, y se encuentran fundadas en la similitud y conveniencia de sus formas de gobierno. Si a algún país ha beneficiado la ampliación del comercio y la globalización es a China, cuyos habitantes han mejorado muchas veces su nivel de vida en un periodo de tiempo relativamente corto. A diferencia de la dictadura unipersonal de Putin, su sistema de gobierno mantiene órganos colegiados que en circunstancias como las que vivimos promueven algún mínimo de lógica y reflexión. En algún momento de la crisis su intervención puede ser decisiva, si antes Putin o los gobiernos democráticos, no aprietan algún botón.
Posdata:
Contrario a lo que muchos piensan, la ciencia ha demostrado que la tierra es redonda, las vacunas salvan vidas, el holocausto existió - se puede repetir - y el hombre en realidad llegó a la luna. No se necesita tanto para saber que Putin es un dictador con alcances inimaginables. Ante esta realidad nadie puede ser neutral. En vísperas de nuestras elecciones presidenciales los candidatos deben explicar, con total claridad, su postura frente al tema.
