En buena hora el equipo de gobierno se reunió en Hatogrande para unificar criterios y afinar, como solicitamos hace días desde esta columna (ver aquí). El tira y afloje entre diferentes sectores y el gobierno que estamos observando ante las reformas es un proceso natural e indispensable en las sociedades democráticas, pero el arranque del gobierno Petro ha sido “a tropezones” y con diferentes velocidades, haciéndolo ver, en ocasiones, “engranado”. Ojalá los retiros espirituales del fin de semana unifiquen un lenguaje en el equipo de gobierno, y le proporcionen el nivel de gerencia, uniformidad, consistencia y coherencia que las circunstancias exigen. La aplicación de la planeación estratégica, que no tiene ideología, le pueden ayudar en el tránsito del mundo espiritual, el de los discursos, al terrenal en que nos encontramos.
A diferencia de lo que ocurre en el sector privado, al iniciar una gestión los gobiernos conocen su fecha de caducidad. Petro entregará el gobierno el 7 de agosto de 2026, siendo esa una de las pocas variables ciertas con que cuenta para su desempeño. Por ello parece extraño que algunos de sus ministros desperdicien uno de sus recursos más escasos, el tiempo, como reconoció el presidente del senado al calificar como “activistas” a algunos al desempeñar un cargo en el que se requieren ejecutivos. La orquesta debe afinar, ponerse de acuerdo al interpretar sus melodías. Si le añadimos los tonos de los grupos de intereses que naturalmente se expresan, el ruido será insoportable y seguiremos en babel.
Se trata, como se ha dicho, de un gobierno “plural” integrado por diferentes corrientes políticas, pero ello no logra explicar tanto “ruido”. No se han escuchado diferencias, por ejemplo, sobre la necesaria moderación del Estado, un tema de fondo en el que todos los ministros parecen de acuerdo. Se trata, más bien, de inexperiencia en algunos para desempeñar cargos que requieren, además de afinidad política, profundo conocimiento técnico y experticia. Algunos de los ministros, como reconocieron, están en proceso de aprendizaje y ello se ha notado en las diferencias con que han asumido problemas complejos como las reformas.
Ver para aprender. Ojalá en los retiros los ministros con mayor conocimiento y experiencia los compartieran reduciendo esos tiempos de “aprendizaje”. Vale la pena observar las maneras como algunos han asumido el proceso en su área respectiva. Compartir su experiencia ayudaría a los más nuevos.
El ministro Ocampo ha asumido, claramente, un destacado liderazgo. Le ha correspondido asumir la tarea más compleja de la que dependen los recursos de todo el gobierno. De manera tranquila abrió diálogos con todos los intereses y actores involucrados a quienes escuchó, antes de elaborar y presentar su propuesta al Congreso. Su experiencia se notó desde el comienzo: pidió el doble, 50 billones, para lograr transar por la mitad, o menos, como ocurre en todo proceso de negociación y se empieza a consensuar ahora. Algo parecido ha hecho la ministra de Agricultura ante el complejo chicharrón de conseguir tierras para cumplir el acuerdo de paz, un objetivo esquivo para los gobiernos anteriores. La propuesta de comprar las tierras que se necesitan tiene a todos, comenzando por sus actuales propietarios, conversando en el mismo idioma y por primera vez se observa como un objetivo factible. Evidentemente, una cosa era firmar el acuerdo, otra cumplirlo.
En otro nivel se encuentran las ministras de Salud y Minas y Energía. La primera de ellas llegó confrontando con uno de los actores estratégicos, las EPS, de un sistema de salud apreciado por la mayoría de los colombianos. La segunda, desconociendo el contexto económico y político nacional y mundial, no podía encontrar peor momento –para proponer suspender la exploración de gas, un recurso estratégico– que el actual, cuando el mundo clama por seguridad y autosuficiencia energética, y los mismos productores nacionales garantizan gas para 100 años a la “vuelta de la esquina” si se puede continuar con la exploración de un combustible del que disponemos, considerado “limpio”.
Capítulo aparte merece la indefinición en las “nuevas” reglas de comportamiento de la fuerza pública, que la tienen desconcertada y “paralizada”, así como la frustración del embajador Benedetti, quien no advirtió de las sanciones norteamericanas antes de anunciar vuelos desde Venezuela. Para sorpresa de algunos el mundo real, las reglas de la economía y la política, las de la comunidad internacional, tienen vida por fuera del propio gobierno y afectan su desempeño. Ojalá el encuentro de Hatogrande consiga sus objetivos. Un ejercicio de planeación estratégica, con seguimiento, permanencia y rigurosidad establecerá diferencias en su desempeño.
@herejesyluis