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¿Se acabó la polarización?

Luis Carvajal Basto

20 de junio de 2022 - 12:00 a. m.

Ahora, cuando ya no se trata de seducir al electorado sino de administrar una nación con inmensos desafíos; cuando la narrativa del “cambio” debe sustituirse por la del buen hacer, resulta ingenuo pensar que el resultado electoral pondrá fin a la división protocolizada desde el referendo que pretendía validar los acuerdo de paz con las FARC. Los problemas para conformar mayorías en el Congreso para el nuevo gobierno serán poco comparados con la división y, en ocasiones, confrontación entre las partes en que la sociedad colombiana se ha dividido. Superado el fragor electoral; frente a las necesidades inherentes al gobierno, conviene bajar el volumen a las pugnas y propiciar espacios de unidad sobre asuntos de interés general para que el Estado funcione.

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Algunos sectores políticos convirtieron las elecciones en el lugar en que se decidiría el cumplimiento del acuerdo con las FARC que, según su punto de vista, evitaría un estallido social de mayores proporciones. Ello, a pesar de que los candidatos no lo mencionaron mucho como tema de campaña. Unos y otros olvidan su alcance constitucional, lo que es diferente a que el mismo acuerdo hubiese alcanzado un indispensable consenso. Quienes ganaron el referendo convocado por el gobierno Santos y cuyo resultado fue ignorado existen, también políticamente. Ese consenso, y la división del país lo recuerda, sigue pendiente.

El nivel de pugnacidad observado en la campaña presidencial no invita al optimismo. Si bien es cierto que en la contienda política nunca existen suficientes reglas, las vigentes fueron sobrepasadas por mucho, incluyendo unas mínimas de convivencia, respeto, ética, educación y decoro. La ferocidad demostrada superó todos los límites, dando razón a a muchos escépticos ―buena parte del 45-50% que no participa en elecciones― de que no solo una columna puede ser ruin (ver aquí) sino que la política puede devenir en ello, transformándonos, para mal, a todos. La mala política propicia confrontaciones y guerras. La buena política, mediante negociación y transacciones, intenta armonizar diferentes intereses, evitar conflictos y ponerles fin.

Hemos identificado tres graves amenazas para la democracia en la era de las redes: polarización, populismo y posverdad. Expresiones de todas ellas observamos durante la campaña y en un análisis comparativo a nivel internacional podríamos competir por el campeonato. La incitación del gobierno Trump que propició el asalto al capitolio, por ejemplo, resulta poca cosa comparada con lo que observamos en Colombia en el periodo preelectoral. Si Trump tuvo hordas amenazantes armadas que “defendieron” su “triunfo”, aquí hemos padecido la irracionalidad y amenaza de las llamadas “primeras líneas” ―un desafío a la ciudadanía y a las instituciones―, ante las cuales otros ciudadanos armados dispararon, según ellos mismos para defender su vida y propiedades. ¿Alguien puede creer que ese nivel de ofensa, confrontación, intimidación y amenazas se detendrá ahora por arte de magia?

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En los años recientes hemos asistido a una constante ofensiva contra las instituciones, como si estas fueran propiedad de algún gobierno y no patrimonio de todos. Si no han sido suficientes las innumerables formas como la corrupción de la mala política las ha afectado, verdades alternativas y mentiras han logrado convertirse en dogmas y odio en la mente de muchos ciudadanos. Las narrativas o puntos de vista ―las más de las veces exageraciones y mentiras―, convertidas en verdades que cumplen su objetivo al convertir a quien piensa diferente en enemigo.

Debemos ponernos de acuerdo, cuando menos, en el respeto y acatamiento a reglas e instituciones o atenernos a una espiral creciente de confrontaciones que el nuevo gobierno, por sí mismo, no logrará superar. Al presidente electo y a todo el Estado corresponde convocar ese acuerdo. Además de gobernar para todos, conviene un momento de reflexión para detener el deterioro de nuestra imperfecta democracia, más allá de triunfalismo y revanchismo. Comprenderemos su valor cuando odios y pasiones terminen de corroerla. Los colombianos resistimos y resistiremos a continuar nuestro viaje como nación por un camino de odios sin retorno.

@herejesyluis

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