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Sí a la inclusión, no al despotismo

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Luis Carvajal Basto
07 de junio de 2021 - 03:00 a. m.
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El verdadero desafío no se refiere solamente a negociar con el Comité y las comunidades para lograr unos acuerdos. Consiste en identificar e incluir en la vida de la nación de manera enriquecedora y productiva a los sectores, las necesidades y potencialidades que se han expresado, en reducir la pobreza y el odio como principal promotor de la política.

El paro nacional, así como la duración y dinámica de movilizaciones y bloqueos, superiores en volumen a la séptima papeleta y evidencia de múltiples demandas sin resolver, han llevado a algunos analistas a poner sobre la mesa incluso la necesidad de un cambio constitucional o un referendo. ¿Será conveniente o inminente? Una mirada superficial a la Constitución lo desmiente.

El tamaño y número de movilizaciones exceden la lista de solicitudes del Comité del Paro. La superan por mucho, sobre todo en la participación de las mujeres, los jóvenes y otros sectores de la población que no encuentran adecuada representación en él, lo que no es tan raro en cuanto tampoco la han encontrado en el sistema político. El paro ha convocado, en un momento de crisis generada en gran parte por la pandemia, una acumulación histórica y regional de frustraciones y necesidades no tramitadas por los partidos y movimientos políticos, pendientes por resolver que, sin embargo, están previstos en nuestra Constitución como garantías y derechos.

Además de solicitudes puntuales como las demandas de los maestros, las objeciones a las reformas, una renta básica de emergencia y el deterioro de la economía –al cual ha contribuido el mismo paro– el paro también expresa, y esto no se puede desconocer, una pugna política. Es un paro antiuribista, que estimula y ha sido estimulado por la polarización, contra un Gobierno elegido mayoritariamente por el Centro Democrático, lo cual probablemente sea, paradójicamente, su punto más débil, siéndolo también para los sectores políticos que lo han propiciado.

¿Por cuenta de esa pugna debemos resultar todos los colombianos damnificados? ¿Tendremos polarización para siempre? Es su punto más débil en cuanto no representa el sentir de “todos” los colombianos o de una mayoría constatable, como se ha podido observar en las elecciones presidenciales anteriores, en el plebiscito y en las marchas antibloqueo. De acuerdo con las reglas de la democracia y no las de la barbarie, desconocemos su alcance electoral –luego de elegido Duque no hemos tenido elecciones presidenciales–, aunque el candidato Petro lidere hasta ahora las encuestas.

Muchas de las movilizaciones se refieren a reclamos por el desconocimiento de derechos establecidos, precisamente, en la Constitución y otros cuyo alcance puede ser reglado y ampliado. Casi todos, derechos a nuevas realidades debidas a la influencia de la revolución digital –como la automatización de miles de actividades y su impacto en el empleo–, la globalización y su efecto en los sistemas políticos, que no existían en 1991 pero cuyos fundamentos se encuentran en la Constitución. El desarrollo del principio de inclusión, que los reconoce, es un ajuste de fondo indispensable. La expresión ciudadana en las calles es una demostración o una evidencia de que los canales habituales de participación no funcionan o se encuentran obstruidos.

La crisis del sistema político, que se expresa ahora en Colombia pero también en otras latitudes, se refiere a la ausencia estructural de respuestas a las demandas de esos sectores, a los que no les es suficiente la igualdad formal ante la ley que les otorga su “tradicional” categoría de ciudadanos. Los efectos de la globalización en el desempeño de los Estados nacionales en la sociedad digital han propiciado nuevas realidades que deben ser reconocidas por el Estado y el sistema político. A ello se refiere el principio de inclusión, un terreno en el que todo se encuentra por hacer.

Pero una cosa es la inclusión y otra el despotismo, la imposición por la fuerza –como en los bloqueos– de la particular razón que alguno o algunos consideran tener sobre las visiones de los demás sin respetar ninguna regla, autoridad o principio de consenso. ¿Los respetarán si acceden al gobierno? Ello solo puede conducir a la división de la nación, al enfrentamiento y al caos.

@herejesyluis

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luis(49812)07 de junio de 2021 - 06:33 p. m.
Para hacer más equilibrada su columna, muy ponderada por cierto, ese por la fuerza también se puede aplicar a la violencia ejercida por la fuerza pública contra los manifestantes incluso contra los que bloquean. Es decir, la solución es el diálogo que un gobierno débil azuzado por unos sectores violentos que lo apoyan los desautoriza, quitándole el poder pop que tienen los alcaldes y gobernadores
GERMAN(8621)07 de junio de 2021 - 04:32 p. m.
Uribe le cobra a su pupilo el deficiente manejo de la protesta social, el destrozo del país durante un mes de flojera gubernativa y, el pacto insoportable de autoridades del Estado con los alzados en bloqueo en el puerto de Buenaventura; Viene la debacle electoral para el 2022; Uribe se siente derrotado y desesperado; Llegó la hora de una reforma, la refundación de la Republica con un culpable CD.
Carlos(9314)07 de junio de 2021 - 02:09 p. m.
De acuerdo Carvajal, esta coyuntura de marchas y descontento es una oportunidad para realmente entender las necesidades de este país, si tuviéramos una clase política mayoritariamente interesada en el bien común. Por eso debemos elegir bien cuando vayamos a votar para elegir miembros del ejecutivo y del legislativo. Solo así tendremos la clase política que funcione para la mayoría.
Atenas(06773)07 de junio de 2021 - 12:37 p. m.
A nadie, mediana/ informado, escapa q' siempre en todo colectivo humano los agobios socioeconómicos son caldo d cultivo pa recurrentes e históricos reclamos. En la Atenas d Pericles y grandes pensadores, lo fue; Dracón, Solón...afrontaron salidas sin calmar la desazón, y hasta hoy. Mas lo q' no se acepta es el terrorismo q' más afecta a quienes sostienen el precario equilibrio y d ahí la represión
Lorenzo(2045)07 de junio de 2021 - 08:11 a. m.
"...el despotismo, la imposición por la fuerza –como en los bloqueos–", cambiále, viejo, el sujeto al mismo predicado: ¿qué tal, por ejemplo, ché Luisito, Consenso de Washington (1990); FMI para todo el mundo; el eterno endeudamiento: SAQUEO "From here to Eternity"(¿te gusta el cine, ché?); la privatización del Estado: "Por cuenta de esa pugna resultamos todos los paganinis criollos damnificados".
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