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El verdadero desafío no se refiere solamente a negociar con el Comité y las comunidades para lograr unos acuerdos. Consiste en identificar e incluir en la vida de la nación de manera enriquecedora y productiva a los sectores, las necesidades y potencialidades que se han expresado, en reducir la pobreza y el odio como principal promotor de la política.
El paro nacional, así como la duración y dinámica de movilizaciones y bloqueos, superiores en volumen a la séptima papeleta y evidencia de múltiples demandas sin resolver, han llevado a algunos analistas a poner sobre la mesa incluso la necesidad de un cambio constitucional o un referendo. ¿Será conveniente o inminente? Una mirada superficial a la Constitución lo desmiente.
El tamaño y número de movilizaciones exceden la lista de solicitudes del Comité del Paro. La superan por mucho, sobre todo en la participación de las mujeres, los jóvenes y otros sectores de la población que no encuentran adecuada representación en él, lo que no es tan raro en cuanto tampoco la han encontrado en el sistema político. El paro ha convocado, en un momento de crisis generada en gran parte por la pandemia, una acumulación histórica y regional de frustraciones y necesidades no tramitadas por los partidos y movimientos políticos, pendientes por resolver que, sin embargo, están previstos en nuestra Constitución como garantías y derechos.
Además de solicitudes puntuales como las demandas de los maestros, las objeciones a las reformas, una renta básica de emergencia y el deterioro de la economía –al cual ha contribuido el mismo paro– el paro también expresa, y esto no se puede desconocer, una pugna política. Es un paro antiuribista, que estimula y ha sido estimulado por la polarización, contra un Gobierno elegido mayoritariamente por el Centro Democrático, lo cual probablemente sea, paradójicamente, su punto más débil, siéndolo también para los sectores políticos que lo han propiciado.
¿Por cuenta de esa pugna debemos resultar todos los colombianos damnificados? ¿Tendremos polarización para siempre? Es su punto más débil en cuanto no representa el sentir de “todos” los colombianos o de una mayoría constatable, como se ha podido observar en las elecciones presidenciales anteriores, en el plebiscito y en las marchas antibloqueo. De acuerdo con las reglas de la democracia y no las de la barbarie, desconocemos su alcance electoral –luego de elegido Duque no hemos tenido elecciones presidenciales–, aunque el candidato Petro lidere hasta ahora las encuestas.
Muchas de las movilizaciones se refieren a reclamos por el desconocimiento de derechos establecidos, precisamente, en la Constitución y otros cuyo alcance puede ser reglado y ampliado. Casi todos, derechos a nuevas realidades debidas a la influencia de la revolución digital –como la automatización de miles de actividades y su impacto en el empleo–, la globalización y su efecto en los sistemas políticos, que no existían en 1991 pero cuyos fundamentos se encuentran en la Constitución. El desarrollo del principio de inclusión, que los reconoce, es un ajuste de fondo indispensable. La expresión ciudadana en las calles es una demostración o una evidencia de que los canales habituales de participación no funcionan o se encuentran obstruidos.
La crisis del sistema político, que se expresa ahora en Colombia pero también en otras latitudes, se refiere a la ausencia estructural de respuestas a las demandas de esos sectores, a los que no les es suficiente la igualdad formal ante la ley que les otorga su “tradicional” categoría de ciudadanos. Los efectos de la globalización en el desempeño de los Estados nacionales en la sociedad digital han propiciado nuevas realidades que deben ser reconocidas por el Estado y el sistema político. A ello se refiere el principio de inclusión, un terreno en el que todo se encuentra por hacer.
Pero una cosa es la inclusión y otra el despotismo, la imposición por la fuerza –como en los bloqueos– de la particular razón que alguno o algunos consideran tener sobre las visiones de los demás sin respetar ninguna regla, autoridad o principio de consenso. ¿Los respetarán si acceden al gobierno? Ello solo puede conducir a la división de la nación, al enfrentamiento y al caos.
