Las instituciones de gobierno también han acusado los efectos del movimiento de la tierra poniendo de presente no tanto la necesidad de buscar sedes alternas para la presidencia como la de construir un verdadero centro estratégico de gobierno.
Un gobierno recién llegado, que ha contado con un espíritu de solidaridad generalizado, ha respondido de la mejor manera posible ante una inmensa tragedia que, debido a los antecedentes del eje cafetero y a las medidas tomadas desde el terremoto del 99, no ha sido peor siendo inmensa. La reconstrucción ocurrirá en un periodo de crisis fiscal que no podremos superar más que por la vía del crecimiento de la economía. Se trata de reconstruir viviendas e infraestructura como una manera de dinamizar la economía, requiriendo para ello una gerencia que no puede estar sino en las manos del mismo presidente. Necesitará de la construcción y consolidación de un centro estratégico de gobierno que nuestras instituciones y el Estado colombiano se deben.
Ante el descrédito de la clase política y el reiterado incumplimiento de promesas de cambio resulta comprensible el valor simbólico de gobernar desde una sede alternativa al Palacio de Nariño. Cuando advertíamos al presidente que una cosa era ganar elecciones y otra gobernar, nadie tenía idea sobre la prueba que su gobierno y Colombia deberían afrontar tan solo unas horas después de su posesión. La crisis ocasionada por el terremoto ha confirmado que no se trata de la sede de este o de cualquier gobierno, sino de su capacidad para actuar coordinada y oportunamente. El problema no se refiere a dónde está el presidente, sino dónde está el gobierno y cuáles son sus capacidades. El país debe institucionalizar sus herramientas administrativas y de gestión.
El terremoto introdujo una pregunta distinta: ¿Dónde está el gobierno cuando el país necesita que todas las decisiones estén conectadas? Esta primera crisis no ha puesto en discusión la capacidad de reacción de un presidente apenas posesionado, sino la arquitectura institucional desde la cual se toman las decisiones. No se trata, solamente, de la sede física de gobierno. La información, el análisis de los problemas, y, por supuesto, su inventario. Asesores, ministros y demás altos funcionarios deben estar conectados con el seguimiento de las decisiones y los cambios en los escenarios. La función de gobernar se refiere a la toma de decisiones en condiciones de complejidad e incertidumbre que deben ser reducidas. La modernización del gobierno no consiste en actualizar el lugar desde donde habla el presidente, sino el sistema mediante el cual conoce, interpreta y decide, lo que nos conduce a la institucionalización de un centro estratégico de gobierno que Colombia no tiene.
Ningún presidente puede gobernar sobre una lista de problemas sin procesar, reaccionando apenas ante los acontecimientos. Necesita un inventario de problemas procesados actualizado permanentemente. Superar la descripción de “malestares” sobre seguridad, salud, empleo, déficit o terremotos. Necesita información inmediata sobre lo que se encuentra ocurriendo y las razones por las cuales ocurre; los actores que intervienen y su peso relativo; las capacidades del gobierno para modificar el escenario para luego establecer cuáles pueden ser sus decisiones, sus ejecutores y sus efectos estableciendo las rutas para su seguimiento.
El palacio de San Carlos o la sede de Barranquilla pueden ser sedes óptimas de gobierno solamente si podemos complementar sus significados simbólicos y transformarlos en una herramienta institucionalmente diferente. Un centro de análisis que convierta información en diagnósticos y análisis de escenarios en tiempo real. Una sala de crisis, que puede ser virtual, estableciendo protocolos, responsables y capacidades de respuesta.
Desde el punto de vista de las instituciones de gobierno, el verdadero cambio no será entonces pasar del Palacio de Nariño al de San Carlos, sino pasar de un gobierno que reacciona ante los problemas a uno que los procesa, decide sobre ellos y anticipa sus consecuencias. Sería construir una nueva forma de gobierno convirtiendo la actual crisis en una oportunidad.