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Una historia de horror quiere repetirse

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Luis Carvajal Basto
04 de mayo de 2026 - 05:00 a. m.
“Muchos jóvenes que han votado por Petro desconocen la reflexión según la cual quien no conoce el pasado está condenado a repetirlo”: Luis Carvajal Basto.
“Muchos jóvenes que han votado por Petro desconocen la reflexión según la cual quien no conoce el pasado está condenado a repetirlo”: Luis Carvajal Basto.
Foto: Archivo Particular
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Muchos jóvenes que han votado por Petro —y que seguirán votando por él, mediante interpuesta persona— desconocen la reflexión de Santayana según la cual quien no conoce el pasado está condenado a repetirlo. Esa falta de memoria impide reconocer, en las amenazas a la Constitución o en los desproporcionados incrementos del salario mínimo en la antesala de las elecciones, el rostro —ya no tan velado— del populismo autoritario.

Si existen dos consignas que identificaron a Petro como candidato fueron sus promesas incumplidas de acabar la corrupción y respetar a una Constitución que garantizó su elección. Desde 2018 —para conseguir, como lo hace hoy Cepeda, el apoyo de sectores verdes— lo firmó sobre piedra. El 7 de agosto de 2022 juró defenderla. Sin embargo, desde que descubrió que existen contrapesos y estos, en ocasiones le ejercen, no ha hecho más que tensionarla y amenazar con cambiarla, eso sí, afirmando que no es su voluntad sino la de “su pueblo”. La semana pasada, para no ir más lejos, trinó apoyando la recolección de fondos para un comité que impulsa la nueva constituyente. Necesita un marco legal que le permita a su proyecto personal atornillarse con un control absoluto; un camino que ya transitaron Rusia y Venezuela

Las experiencias internacionales muestran patrones que no pueden ignorarse. En Rusia, Vladímir Putin fue elegido presidente, se reeligió y, ante el límite constitucional, promovió la elección de Dmitri Medvédev, un transitorio presidente marioneta, manteniendo él el poder real desde el gobierno. Posteriormente regresó a la presidencia, amplió el periodo presidencial de cuatro a seis años y, en 2020, reformó la Constitución para reiniciar el conteo de mandatos. El resultado es conocido: cambios en las reglas que terminan perpetuando en el poder a las dictaduras.

A nivel económico, el libreto tampoco es novedoso. En la Venezuela de Chávez y Maduro —convertida progresivamente en una dictadura—, el gasto social masivo en periodos preelectorales fue una constante. En 2008 se decretó un aumento del salario mínimo cercano al 30 %, seguido de incrementos similares en 2012, 2013 y 2014. Más adelante, los aumentos se volvieron exponenciales, pero ya en 2019 la inflación superaba el 9.500 %. El desenlace fue devastador: destrucción total del poder adquisitivo, colapso económico y empobrecimiento generalizado. 8 millones de venezolanos huyeron de la miseria y el desastre. Argentina, bajo el kirchnerismo, recorrió un camino distinto en forma, pero similar en su lógica.

El candidato Cepeda, cuyo programa se resume en “profundizar las reformas de Petro”, no ha explicado con claridad cómo generará valor agregado, riqueza y crecimiento. Tampoco cómo evitará que el país continúe dependiendo del endeudamiento creciente, en un contexto donde la inversión se retrae. Porque sin generación de riqueza no hay redistribución sostenible: se produce, simplemente, agotamiento de recursos y pérdida de confianza.

Aquí no hay misterio ni experimento: es la misma receta con distinto nombre. Prometer, repartir, tensionar las reglas… y luego explicar el desastre. Lo verdaderamente sorprendente no es que existan estos proyectos, sino que todavía encuentren quien los compre. Colombia no está ante una encrucijada ideológica, sino frente a una prueba de memoria. Porque repetir la historia no es un accidente: es una decisión de ciudadanos sin conocimiento o sin memoria.

@herejesyluis

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