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¿Vacunas suficientes para la economía?

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Luis Carvajal Basto
02 de agosto de 2021 - 03:00 a. m.
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Sabemos que el crecimiento y el bienestar mundial dependen del éxito en la lucha contra la pandemia, frente a la cual la única herramienta efectiva sigue siendo las vacunas y su aplicación masiva en todo el mundo. Comparada con otros países de similar nivel de desarrollo, Colombia avanza relativamente bien en ese aspecto, pero no solo de ello depende la recuperación económica.

Asistimos a un periodo de relanzamiento de la economía con perspectivas optimistas que auguran, luego de un año negro, un crecimiento del 6% en 2021 para el mundo y una cifra superior al 7% para Colombia. Todas las previsiones pasan por escenarios en que el virus será “controlado” con las vacunas, pero ante la posibilidad de mutaciones la incertidumbre se mantiene. Esas eventuales mutaciones dependen, básicamente, de que toda la población mundial sea vacunada, un objetivo poco probable en el corto plazo. Recién ahora los gobiernos en las economías avanzadas comienzan a actuar en consecuencia con el principio según el cual ningún país se encuentra seguro hasta que todos lo estén. Ninguna economía.

Colombia avanza en su plan de vacunación llegando a un 22%, más de 12 millones de personas con su esquema completo, de su población objetivo. Un desempeño notable, superior al de países como Brasil (18.5%), Argentina (14%), Ecuador (12%), Perú (14%), India, (8%) y Rusia (16%). En un ejercicio de pragmatismo exitoso -muchas de las vacunas se compraron a China y no al gobierno Trump - que debe completarse con el apoyo de todos y cuya gestión, por parte del Ministerio y el sistema de Salud, debe ser reconocida. El objetivo de inmunización total se revela como una condición indispensable pero no suficiente para la recuperación y el retorno a una relativa estabilidad.

Un entorno mundial optimista ha estimulado la demanda y mejorado las perspectivas. Políticas homogéneas de estímulo y aumento de gasto e inversión públicas, fundamentalmente en Europa y Estados Unidos, lo han hecho posible. En consecuencia el endeudamiento público ha crecido hasta un 100% del PIB en el mundo y muestra cifras sin precedentes en Estados Unidos (133.5%), Europa (100.1 %), Japón, (253.5%) y Reino Unido (107%).Nadie va saliendo indemne de la crisis y frente a esas cifras las de Colombia, (61%) resultan, más que consoladoras, comprensibles en un momento de tanta dificultad e incertidumbre, a la cual debe añadirse en nuestro país una compleja situación política generada por la proximidad de las elecciones y el paro.

Al ritmo de la recuperación esperada de la demanda, los precios y perspectivas de materias primas y petróleo, nuestra principal fuente de ingresos, son también optimistas, ubicándose en el último mes en 75 dólares barril, una cifra tres veces superior a su precio en abril de 2020.

Con unas perspectivas de crecimiento positivas, un plan de vacunación, la variable considerada como más importante para la recuperación, funcionando mejor que muchos países, y unos niveles de deuda, digamos, razonables para el difícil momento, resulta imposible dejar de preguntarse las razones por las cuales se encuentra en entredicho la calificación de la deuda. ¿Qué factores hacen, para los inversionistas, a nuestra economía más vulnerable que otras jugando contra sus expectativas de recuperación?

La devaluación del peso parece más una consecuencia que una causa relacionada con las dudas en la calificación crediticia. La fortaleza del dólar y las cada vez mayores posibilidades de aumento de la tasa de interés en Estados Unidos, se podrían contrarrestar, de presentarse, con un aumento interno en las tasas de interés considerando que nuestra inflación comparada con la de Estados Unidos- elemento clave en la tasa de cambio- juega, por ahora, a nuestro favor.

Aunque resulte irracional, podemos concluir que una variable poco considerada en los modelos típicos, la incertidumbre política y el nivel de confrontación y pugnacidad observado en este año electoral, son y serán un elemento determinante en la confianza y recuperación de la economía y los empleos. La desconfianza en nuestra economía depende, en buena parte, de nosotros mismos; del bajo nivel del debate político que, por el bien de todos, debe superar el “todo vale”. En un periodo de abruptas transformaciones y cambios malos políticos siguen haciendo lo mismo al estimular la polarización.

@herejesyluis

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