Después de mostrarnos en sus producciones a todos los colombianos como narcos y prostitutas, ahora Gustavo Bolívar quiere reeditar la historia haciendo su propio 20 de julio.
Para la mayoría de los 50 millones de colombianos el 20 de julio es un motivo de orgullo. Durante más de 200 años hemos forjado un país maravilloso en medio de las dificultades y la guerra. Ya en 1809 Camilo Torres hablaba de la fertilidad de la nación en comparación con otras del mundo: “con una numerosa población, territorio inmenso, riquezas naturales, y que pueden dar fomento a un vasto comercio; todo constituye al Nuevo Reino de Granada”.
Sin embargo, para los radicales Petro y Bolivar el 20 de julio no solo no es motivo de orgullo, sino una oportunidad para seguir sembrando rencor en sus seguidores al punto que ya ni siquiera celebran un triunfo de la Selección Colombia al considerarla un instrumento de dominación del pueblo al más puro estilo marxista y son capaces de atacar y convertir enemigos nacionales a glorias que solo nos han llenado de orgullo como Juanes, solo por atreverse a pensar distinto.
El discurso del odio ha sido una herramienta política desde hace muchas décadas para ganar votos y generar divisiones con terribles consecuencias para Colombia. No se ha tratado de ideas para el futuro del país, sino de discursos violentos para generar el rencor entre los ciudadanos con el fin de alcanzar la presidencia y no entregarla nunca más, siguiendo el ejemplo de Nicaragua, Cuba y Venezuela.
Las disputas entre liberales y conservadores exterminaron a gran parte de la población hasta que el Frente Nacional paró la masacre, lo cual no tomamos como lección, pues inmediatamente después se generó un conflicto armado que duró 5 décadas y trajo millones de víctimas.
Ahora el discurso es distinto, ya no se trata de liberales y conservadores, ni de izquierda y derecha, el guión incrustado por Petro y Bolívar en sus redes sociales es aún más dañino: la división está ahora sarcásticamente señalada, como en un libro de Víctor Hugo, entre la gente de bien y los demás. Ambos son expertos en medios de comunicación y ahora pretenden generar una nueva serie que tan “hermosamente” refleje nuestro país como Sin Tetas no hay Paraíso o El Capo. Señor Bolívar por mucho que sus películas sexistas nos hayan vendido a los colombianos como narcotraficantes y prostitutas, la mayoría de los colombianos son gente de bien. Y por gente de bien no me refiero a personas con dinero o sin dinero, liberales o conservadores, de derecha o de izquierda, me refiero a la casi totalidad de colombianos que trabajan con ahínco día a día por un país mejor y no están de acuerdo con el adoctrinamiento violento que Usted y su líder Petro siembran en algunos jóvenes.
Utilizar este nuevo lenguaje en un país tan violento como Colombia es muy riesgoso. No se trata de ingresar estos discursos en aulas académicas, sino en territorios plagados de bandas criminales, grupos armados y delincuencia organizada. De llenar de odio a jóvenes que solo quieren un país mejor, pero que ya se les está armando para enfrentarse directamente con las instituciones. Y sobre todo de mostrarles como su única oportunidad es Petro y que si no llega a la presidencia hay que destruir el país. Mientras sin una sola gota de sangre el Movimiento de la Séptima Papeleta generó una de las revoluciones sociales más grandes del continente, esta revolución de 2021 puede traer miles de víctimas y generar otro conflicto armado.
No señor Bolívar, este país no es una porquería como Usted lo pinta en sus series o en esta nueva en la que nos ha embarcado sobre su 20 de julio. Las mujeres y hombres de Colombia son héroes que luchan día a día por sacar su familia adelante, que celebran los triunfos de nuestro país, que apoyan a sus vecinos, que estar orgullosos de ser colombianos y que no apoyan sus formas violentas. En conclusión señor Bolívar los colombianos somos gente de bien que no apoyamos su discurso de odio y violencia.