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El Pacto Histórico, que se promociona como el gran cambio para el país, es solo una nueva plataforma ególatra de Petro para llegar a la Presidencia.
La historia más reciente nos demuestra que existen dos caminos para que la izquierda radical llegue a la presidencia en América Latina. La primera es la vía directa de Hugo Chávez, quien generó un discurso populista del odio, la desigualdad y el resentimiento para conquistar los corazones de los votantes. La segunda fue el camino de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México, quien a través de la moderación de su discurso logró captar numerosos apoyos de centro y de políticos tradicionales.
En Colombia es imposible que triunfe una propuesta de izquierda radical. Somos un país de centro y por ello en las elecciones anteriores por poco Petro (con todo el apoyo de la izquierda) no llega la segunda vuelta. Fajardo se quedó a solo 250.000 votos, es decir, menos de un 2 % de llegar a la ronda final. En segunda vuelta el 25 % de Petro se transformó en 43 % únicamente porque gran parte de los colombianos apoyaban el Acuerdo de Paz y temían su desmonte por parte del Centro Democrático.
Por ello para 2022, Petro quiere combinar ambas estrategias en el llamado Pacto Histórico, que no es más que su plataforma para llegar a la Presidencia, un partido de la P para el caudillo. Mientras él se reúne a manteles con empresarios y políticos tradicionales como Roy Barreras y Armando Benedetti, le deja a Bolívar la tarea de agitar las banderas del odio de clases. Sin embargo, la gente en Colombia no es tonta y todo el país ya sabe que Petro (a través de Bolívar) fue el principal propulsor de la creación de las primeras líneas que convirtieron marchas pacíficas en batallas campales en las principales ciudades de nuestro país. La mayoría de colombianos se pregunta: sí así es fuera del poder, ¿cómo será como presidente?
En todo caso, el mayor aliado de Petro no es él mismo, ni siquiera Bolívar, sino la polarización que vive el país y que quiere convertir al colombiano promedio (o de bien, como diría Bolívar) trabajador(a) moderado(a) y que lucha por su familia, en un(a) radical de izquierda o derecha. Esto sucedió en Perú donde la falta de una estrategia del centro hizo que los electores tuvieran que elegir entre dos candidatos radicales y cuestionados. Desde el plebiscito se creo esa fábula en Colombia, luego radicalizada por las elecciones de 2018 y promovida por muchas personas que quieren que uno u otro llegue al poder. Las izquierdas y derechas radicales parecen aliadas para hacerse crecer entre sí diciendo falsamente que el centro no existe para reeditar la batalla final de 2018.
En el centro ya se han lanzado candidatos que pueden generar consensos nacionales como Gaviria, Galán, Cárdenas, Echeverry, Fajardo o Peñalosa. Todos con la experiencia y los conocimientos necesarios para dirigir el país. Sin embargo, la fábula de los extremos puede hacer que la derecha le termine haciendo el trabajo a Petro, a quien no le sirvió ninguno de los partidos de izquierda o centro izquierda, sino que tuvo que crear un nuevo movimiento ajustado a las dimensiones de su ego.
