“Naciste para ganar, pero para ser ganador debes planear ganar, prepararte para ganar y esperar ganar”: Zig Ziglar.
Pasaron 33 años desde 1993 para que una selección colombiana sub-17 volviera a ser campeona suramericana, venciendo con categoría a la selección de Argentina, una de las favoritas.
Esta selección nos deja varias enseñanzas para tener en cuenta y poder emular:
1. Directivos:
La Federación Colombiana de Fútbol les proporcionó todas las herramientas necesarias que solicitó el cuerpo técnico para realizar su trabajo: fogueos, concentraciones, toma de decisiones, recurso humano y tecnológico, microciclos, entre otros.
2. Cuerpo técnico:
Conformado por exjugadores de fútbol con preparación, combinación importante para orientar en estas categorías. Encabezados por Fredy Hurtado, Hernando Patiño y Hugo Tuberquia, preparador de arqueros, más los otros integrantes. Todos con disciplina, profesionalismo, trabajo en equipo y algo clave entre ellos: lealtad.
3. Trabajo integral:
Le dieron la misma importancia al trabajo técnico, táctico, físico y mental. Ahí está el resultado: cohesión de equipo, humildad, jugar sin miedo y nunca perder las ganas de ganar. Especial este aspecto.
4. Selección de jugadores:
Por el conocimiento que tenían, seleccionaron a los jugadores que mejor estaban en su momento, los que consideraban idóneos para su estilo de juego, los que mostraron mentalidad de crecimiento para la competencia internacional. Acertaron con estos criterios y otros manejados en el interior de la selección.
5. Destacados:
En general, toda la selección estuvo comprometida, mentalmente concentrada, humilde, disciplinada, con buen comportamiento (no se supo de alteraciones en las concentraciones), prudentes en las declaraciones y, algo para resaltar, fueron prudentes hasta ser campeones.
Hay puntos altos como José Escorcia, Samuel Martínez, Éider Carrillo, Miguel Agamez y Juan Fory. Y aunque no jugó, Camilo Blandón hizo cohesión de equipo. Entre otros.
Ahora lo importante que sigue para estos jugadores: preparación mensual, microciclos rumbo al Mundial de este año, acompañamiento psicológico individual para gestionar este éxito, posibles salidas al exterior, manejo de la efímera fama, manejo con los padres de familia, ayuda psicosocial… en fin, todo lo necesario para ayudarlos a seguir formándose como seres humanos y jugadores de fútbol.
¡Felicitaciones por el título y por dejar en alto el fútbol colombiano! Más allá del trofeo, este equipo nos deja una lección que vale oro: ganar sin miedo es un acto de carácter. Ojalá estos muchachos sigan creciendo con la misma humildad, la misma disciplina y la misma alegría que los trajo hasta aquí. Porque el título ya es de ellos, pero el futuro —ese sí— apenas se está escribiendo.
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