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Cuando el cielo llama a un lateral: homenaje a “Pocillo” López

Luis Fernando Montoya

16 de abril de 2026 - 06:00 a. m.
Alonso “Pocillo” López, referente de Millonarios y Colombia entre los 70s y 80s.
Foto: Archivo El Espectador
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“El legado no consiste en dejar algo para la gente, sino en dejar algo en la gente”: Peter Strople.

Profunda tristeza deja la partida hacia el equipo celestial de ese gran ser humano y futbolista, Alonso “Pocillo” López. Hombre del fútbol en Millonarios, Unión Magdalena, Independiente Medellín y el equipo del alma, el Cristal Caldas —nuestro Once Caldas—, donde dejó un legado inmenso como persona y como profesional.

La amistad sincera no busca su deleite; su único interés es cultivarse, ejercitarse y demostrarse. La amistad, para ser verdadera, hay que vivirla y sentirla en el alma, en toda el alma.

Quienes fueron muy cercanos a Alonso —y también quienes no lo fueron tanto— siempre resaltaron en él, incluso cuando ya era figura del fútbol profesional, sus valores: amigo inquebrantable, leal, servicial, amable hasta la médula y agradecido con cada persona que lo ayudó y lo acompañó en su camino futbolístico.

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Siempre tuvo palabras y gestos de gratitud hacia el profesor Jaime “El Pantalonudo” Arroyave, el hombre que lo hizo debutar en el fútbol profesional. Fue campeón con Millonarios en 1978, ganó la Copa Colombia con el Medellín en 1981 e integró la selección de Colombia en 1975 bajo la dirección técnica del también fallecido Efraín “El Caimán” Sánchez.

Regresó a Manizales y, en 1986, vistió la camiseta del equipo de su tierra natal bajo la orientación del doctor Francisco Maturana. Allí cerró su carrera profesional en 1987.

En la cancha se destacó como un valioso lateral izquierdo: técnica fina, manejo elegante del balón, velocidad para romper líneas y una entrega absoluta. Su perseverancia para llegar y mantenerse en el fútbol profesional colombiano es un legado que inspira a nuestras generaciones juveniles y actuales.

Toda mi solidaridad para su familia. Su partida duele, pero su huella queda. Se fue un jugador. Se queda un legado. Y en cada memoria que lo nombre, Alonso seguirá corriendo la banda, ligero como siempre, eterno como nunca.

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Foto: El Espectador

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