<b>Si quieres resultados distintos no hagas siempre lo mismo</b>
Albert Einstein
La selección, luego de haber mejorado futbolísticamente en la primera fase del Mundial, clasificarse primera de su grupo por encima de Portugal, pasar a 16avos, a 8avos y caer frente a Suiza por penales, logró generar en la afición colombiana optimismo, alegría y expectativas de avanzar más en el torneo, pero no le alcanzó.
Frente a Suiza, un equipo muy ordenado tácticamente, disciplinado, solidario y de buena talla, hubo pasajes del juego donde Colombia emparejó la dinámica, generó algunas opciones de gol, pero no las concretó. Esto evidenció la ausencia de un verdadero goleador en la selección, alguien determinante en los momentos decisivos.
Los partidos jugados anteriormente no midieron todo el potencial de Colombia, a excepción del enfrentamiento frente a Portugal. Sin embargo, había un factor importante: ambas selecciones ya estaban clasificadas a la siguiente fase, lo que condicionó el nivel competitivo. Ante este equipo europeo se reafirma la necesidad de otro tipo de preparación para saberlos enfrentar.
Algunos jugadores no disputaron este partido con el verdadero nivel que requería: sin precisión en los pases, faltos de ritmo, sin agresividad y sin una actitud valiente para triunfar. Los penales no bastan con entrenarlos pateando; habría que realizar simuladores permanentes, es decir, desde la mitad del campo hasta el punto de penal y luego el cobro, entre otros ejercicios.
En algunas declaraciones, Jhon Arias al final dijo: “Debemos cambiar estructuras mentales y deportivas”. Sería muy interesante profundizar en ellas para aplicar correctivos: el hambre competitivo permanente, la toma de decisiones en partidos determinantes, la identidad de campeón, el dominio mental bajo presión, entre otros aspectos.
El Mundial no espera: Colombia debe reinventarse si quiere dejar de ser aprendiz y convertirse en protagonista. El reto es mental: más allá de la táctica, necesita dominar la presión y creer en su grandeza. Hay material humano, pero falta convertirlo en hambre de gloria y convicción de campeón. Es la oportunidad para hacer los cambios respectivos de cara al próximo Mundial y no repetir la frase: “Estamos aprendiendo para el próximo torneo”. ¡Hay material humano para lograr títulos!
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