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Momento político: artificio y realidad

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Luis I. Sandoval M.
17 de agosto de 2021 - 02:59 a. m.
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Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, en noviembre de 2018, Buenos Aires, en el Foro Mundial de Pensamiento Crítico, dijo ante una audiencia de miles de cientistas sociales: “todo indica que a la primavera de gobiernos progresistas de 20 años en América Latina seguirá un breve período de retorno de las derechas, pero volverán al gobierno fuerzas progresistas porque las derechas tienen agotadas sus fórmulas neoliberales”. Intercambié unas palabras con Linera sobre esto.

Así está pasando exactamente, en unos países vuelve el progresismo como en Argentina y Bolivia, en otros se inaugura como en México y Perú, en otros se interrumpe como en Ecuador, en otros puede llegar como en Colombia. En ese marco de tendencia se ubica este momento político. Es interesante notar que la nueva ola progresista cabalga sobre fuertes, radicales y sostenidos movimientos de inconformidad popular con amplísimo protagonismo de jóvenes plebeyos. La democracia descalza (Carlos Medina), las muchedumbres políticas (Medófilo Medina), el sujeto plural (Luis Sandoval) irrumpen con fuerza inusitada potenciando las opciones alternativas de gobierno.

En Colombia en la primera década del siglo el proyecto uribista derechizó el centro político, en la segunda el centro, materializado en diversas expresiones, no solo adquiere organicidad sino que asume posturas críticas frente a las derechas contrarias a la paz, proclives al autoritarismo y resistentes al cambio. Las izquierdas y sectores progresistas, con un programa de cambio dentro de la institucionalidad democrática, salen de la marginalidad política y su candidato en las elecciones de 2018 queda en un segundo lugar con 8 millones largos de votos cuando el Presidente gana con dos millones más, hoy comprobadamente ilegítimos y tramposos.

No es polarización con extremos igualmente repudiables. Esa caracterización es equivocada, lo que hay en el país son dos grandes campos en competencia y pulso por definir: el campo de la democracia (centro y progresismo) y el campo del retroceso, la connivencia con clanes y mafias, que no entiende, no quiere entender, el reclamo social (derecha y ultraderecha). Por ello es un artificio querer pasar de una polarización de dos a una polarización de tres. Lo que podría ocurrir con ello es que se frustre una alternancia real en las elecciones de 2022. Triste papel el del centro si de su lúcida crítica a la derecha, centro desuribizado, termina allanando el camino para que siga gobernando la derecha.

Lo natural, lo lógico, lo que conviene al país es que las dos grandes posturas por el cambio, centro y progresismo, ofrezcan opciones programáticas y opciones de nombres al país expectante pero que finalmente se reconozcan, hagan acuerdos de cambio dentro de la institucionalidad democrática, se entiendan y sumen fuerzas para devolverle a Colombia la esperanza en un cambio sin trauma.

En mi concepto hay tres grandes factores concretos, incontrovertibles, de entendimiento: el apego al Estado social de Derecho con la Constitución de 1991, la voluntad decidida de buscar la paz total, cumpliendo y completando los avances logrados, y la acogida entusiasta a la agenda social ineludible que acaba de instalar en la conciencia pública el paro nacional.

La opción de centro, ahora reforzada con la actualización del ideario de Luis Carlos Galán a raíz de la recuperación de personería jurídica del Nuevo Liberalismo, la clarificación aportada desde el Pacto Histórico de que se trata de retomar las reformas inconclusas del liberalismo social y de avanzar hacia la realización del Estado Social de Derecho asumiendo la cuota parte de responsabilidad ante la crisis global del cambio climático son pasos alentadores.

Los acuerdos entre centro y progresismo aún son posibles, al menos visualizando la segunda vuelta presidencial. Antanas Mockus, siempre visionario, ha dado la pauta. Pero cierto es también que si no hay acuerdos el país nacional puede derrotar al país político con un rugido del constituyente primario en las urnas aún más potente que el que se escuchó, y sigue y seguirá escuchándose, en las calles. Se están creando las condiciones para que ello ocurra.

luis.sandoval.1843@gmail.com

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luis(49812)18 de agosto de 2021 - 12:34 p. m.
Si las encuestas son ciertas, Petro pueda que tenga un techo en primera vuelta, pero la ventaja que tiene le permite pasar a una segunda vuelta, y en esta sus números se disparan porqué la gente no quiere definitivamente votar por algo que le huela a Uribe, y en esas hasta Fajardo pierde con Petro. Así que sería mejor que la coalición de la Esperanza tendiera puentes con el pacto histórico.
Magdalena(45338)18 de agosto de 2021 - 01:25 a. m.
Gracias por su análisis puntual,evidentemente si las fuerzas progresistas no se unen,seguiremos fregados eternamente.
Gilberto(4359)17 de agosto de 2021 - 05:26 p. m.
Tristemente no se va a poder y seguiremos gobernados por el látigo derechista (seguramente Zuluaga). Las vanidades y egos de la izquierda impedirán un acuerdo politico que permita iniciar un proyecto nuevo de recuperación de este sufrido país, le están facilitando el camino a la derecha para que continúe con su dictadura "de baja intensidad" y después se echarán la culpa unos a otros. Lástima.
Felipe(94028)17 de agosto de 2021 - 04:29 p. m.
El problema está en que Petro no se "centra", sabe que tocó techo en 2018, pero no cede un milímetro para intentar incorporar ayudas en segunda vuelta. Ni un gesto conciliador, ni un sesgo de moderación, es el asustaviejas, quiere ser Felipe González, pero sin descolgar el retrato del Che en su oficina y todo no se puede. Es muy difícil montar un bloque de apoyo a Petro cuando él no quiere.
Rodrigo(17605)17 de agosto de 2021 - 01:24 p. m.
Es el neolaureanismo uribista (godos) contra "la revolución en marcha" de Alfonso López Pumarejo. A mi juicio, López ha sido el único presidente verdaderamente liberal que ha tenido Colombia. Ojalá regrese ese liberalismo progresista, no el Nuevo Liberalismo que está desteñido.
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