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La capacidad de crítica no puede divorciarse de la capacidad de reconocimiento so pena de alejarse de la realidad y equivocar las proyecciones. Pertinente este criterio frente al Acuerdo sobre Víctimas hecho público íntegramente en La Habana el martes 15 de diciembre.
Llegar a este resultado tomó a la Mesa 18 de los 37 meses que lleva en conversaciones, esto es, el 40% del tiempo dedicado a encontrar la forma de superar el largo conflicto armado interno. Expertos se han encargado de resaltar que ningún acuerdo de paz entre gobierno e insurgentes, en el mundo, ha dado a las víctimas el lugar que les da el que se gesta entre Gobierno y Farc-Ep, en ningún país donde se ha negociado la paz se ha incluido el compromiso de responder por crímenes internacionales ante la justicia.
Primera comprensión necesaria: las beneficiarias máximas y prioritarias de lo que se está pactando en La Habana son las víctimas, no la guerrilla. Los malquerientes del proceso están haciendo lo imposible para que se crea lo contrario. Con este acuerdo sobre víctimas, como con los otros sobre tierras, política y drogas, ante todo gana el país. Con el que viene sobre terminación del conflicto, cese bilateral, dejación de armas y refrendación se cierra, remata y remacha la ganancia de todo el país.
No más armas, de ningún color, en la política.
Segunda comprensión necesaria: se está aplicando, con ponderación, el máximo de justicia que hace posible la paz. No se está pactando la impunidad ni de la guerrilla, ni de los paramilitares, ni de los militares, ni de los empresarios o funcionarios, u otros actores que hayan sido agentes de victimización. La novedosa forma que se ha encontrado para juzgar a los autores de crímenes de lesa humanidad, crímenes atroces y crímenes de guerra incluye una Jurisdicción Especial, Tribunal de Paz, penas y condenas respetando los parámetros internacionales y dando satisfacción a la justa demanda de las víctimas.
Tercera comprensión necesaria: la justicia que se aplicará no será, sin embargo, una justicia vengativa sino una justicia restaurativa, es decir, una justicia que le hace bien a la víctima y al victimario. A la víctima porque repara realmente, de manera eficaz, los bienes lesionados o perdidos; al victimario porque le da la posibilidad de contribuir con la verdad a crear las condiciones de no repetición. El objetivo estratégico de las víctimas y del país es asegurar la verdad sobre el horror vivido para que no se repita nunca más. A más verdad menos pena.
Cuarta comprensión necesaria: el acuerdo logrado ha contado con el concurso de las víctimas. Ellas, mediante lucha denodada, con mucho dolor y muchas lágrimas, han hecho valer su fundada demanda de verdad, justicia, reparación y no repetición. Amplio Foro sobre el tema se congregó en Cali, agosto de 2013. Grupos de víctimas de todos los tipos y autorías de victimización visitaron La Habana para exigir respeto a sus derechos. Se ganó así plena aceptación del enfoque diferencial.
Con razón observa Sergio Jaramillo, Alto Comisionado de Paz que sin una presencia activa, organizada y propositiva de las víctimas habría sido imposible sacar adelante el punto en la agenda de conversaciones. El movimiento, las Mesas de Víctimas han jugado un papel relevante.
Ya hay política pública de víctimas, enorme ganancia, no se partirá de cero. Superar limitaciones de esta política, disponerlo todo para cumplir acuerdos depende en gran medida de las propias víctimas, de su clarividencia e iniciativa como actores sociales y políticos autónomos. Más que en el pasado, la preocupación ahora se centra en el futuro.
