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En la calle siguen pasando cosas buenas

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Madame Papita
19 de junio de 2026 - 05:00 a. m.
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Hace poco más de dos años escribí una columna que titulé "En la calle algo bueno va a pasar“. En ese momento la historia era sencilla: una pequeña avenida de Bogotá comenzaba a llenarse de emprendedores que apostaban por la cocina mexicana con una seriedad poco habitual. Estaban Esquites Chayito y Rogelio Red Tacos, dos proyectos que entendían que la autenticidad no era una estrategia de mercadeo, sino una forma de cocinar. Con el tiempo llegó Autocar al Pastor. Y ahora aparece un nuevo integrante de esta historia: Los Tacos Norteños @Lostacosnortenos.

Lo interesante es que los Norteños no llegan a repetir lo que ya existe. Llega a ampliar la conversación. Durante años, para muchos bogotanos la comida mexicana se reducía a una idea bastante simple: nachos, burritos, guacamole y algún taco perdido en el menú. Sin embargo, quien haya recorrido México sabe que hablar de “comida mexicana” es tan impreciso como hablar de “comida colombiana”, sin diferenciar los platos costeños de los boyacenses o amazónicos.

Los Tacos Norteños toma inspiración de los estados del norte mexicano, donde las carnes tienen un protagonismo absoluto y donde el taco suele construirse alrededor del producto, el fuego y las salsas. Y las salsas merecen un capítulo aparte, porque una cosa es decir que una salsa pica y otra muy distinta entender la cultura que existe detrás del picante en México.

En este lugar aparecen preparaciones que van desde el picor amable, que permite seguir conversando, hasta esas que obligan a detenerse unos segundos, pedir otra bebida y reconsiderar las decisiones tomadas. No son picantes puestos para presumir valentía. Son salsas que aportan profundidad, aroma y carácter. La experiencia se equilibra con bebidas de la casa que ayudan a navegar el recorrido. Aguas frescas, preparaciones cítricas y opciones que recuerdan que en México el picante rara vez viaja solo.

Pero el corazón de Norteños sigue estando en los tacos. Los de carne asada son probablemente el mejor punto de partida para entender la propuesta. Directos, generosos y sin distracciones innecesarias. También aparecen opciones como la adobada y el pollo, donde la combinación de cortes, marinados y salsas construye capas de sabor que invitan a repetir. Son tacos para probar y repasar, de esos que obligan a volver sobre el primero para confirmar que efectivamente estaba tan bueno como parecía. Y quizás ahí está una de las grandes virtudes del lugar: no busca impresionar a través del exceso. Busca que uno siga comiendo.

Lo más interesante, sin embargo, ocurre cuando se mira la calle 78 entre carreras 24 y 26. Hoy Chayito, Rogelio, Autocar al Pastor y Los Tacos Norteños funcionan como algo más que restaurantes vecinos: son un pequeño ecosistema gastronómico. Cada proyecto tiene una personalidad propia, pero todos se benefician de una conversación compartida. El cliente que llega por una birria termina descubriendo un esquite. Quien viene por un pastor descubre un taco distinto. Y quién entra por curiosidad suele salir con varias razones para regresar. ¡Eso no sucede por accidente! En una industria donde muchas veces se piensa únicamente en competir, esta cuadra parece haber entendido algo diferente: es posible crecer juntos. Por eso resulta tan interesante ver cómo comienzan a tejerse relaciones con otros proyectos que comparten la misma filosofía. Productores, cocineros, transformadores y emprendedores que entienden que el valor de una comunidad gastronómica está precisamente en la capacidad de complementarse.

Las grandes ciudades gastronómicas del mundo no nacieron porque apareció un restaurante exitoso. Nacieron porque surgieron barrios donde varias personas decidieron apostar por una visión común. Pronto veremos nuevas colaboraciones que seguirán ampliando esa red y demostrando que cuando los proyectos se fortalecen mutuamente, toda la cadena crece.

Hace dos años escribí que en esa calle algo bueno iba a pasar. Hoy creo que me equivoqué: No pasó algo bueno. Pasó algo mucho más importante: nació una comunidad gastronómica que entendió que crecer juntos puede ser más poderoso que competir solos.

Último hervor. Con el regreso de Toy Story, con Woody, Buzz y toda la pandilla, quizás la pregunta más importante no sea si los juguetes volverán a ser como antes. Tal vez la verdadera cuestión es cuánto tiempo estamos dispuestos a regalarles a quienes más queremos. Después de hablar de crecer, cambiar y aprender a soltar, ahora la película plantea otro desafío: convivir con la tecnología que llegó para quedarse, sin satanizarla ni idolatrarla. Se trata de recordar que ningún algoritmo ha logrado reemplazar una tarde de juego, una mesa compartida o un abrazo porque, al final, los juguetes nunca fueron solo juguetes. Eran excusas para imaginar, crear historias y construir recuerdos. Y esos recuerdos siguen siendo la mejor forma de mantener la historia viva.

Ñapa. Esta temporada… firmes con la sele, con Woody y con todo lo demás también…

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Gvbnllnh. Bvc. Nm. N jn(98086)Hace 1 hora
Excelente artículo. Gracias Madame.
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