Publicidad

¿La comida es amor o el amor es comida?

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Madame Papita
13 de febrero de 2026 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Yo aplico para las dos. Mi mayor muestra de amor es cocinar para alguien o por una buena causa; pero también me conquistan con una buena comida, un condimento nuevo, o incluso con una receta horrorosa hecha con amor. Mi concepto de amor parece de hace siglos: la comida sana, brinda afecto y, de alguna manera, nos hace mejores personas.

La base de esa cocina siempre es la creatividad, que no siempre nace del ingenio sino de la necesidad, del momento en que abrimos la nevera, miramos lo que hay y entendemos que, con eso, debemos hacer algo que alimente. Ese gesto —aparentemente simple— es uno de los actos de amor más profundos que existen.

Durante años hemos repetido que la comida es amor, pero quizás la frase debería unirse a lo esencial: el amor también se cocina, y no solo en una estufa. Se corta en trozos pequeños, se mezcla con paciencia, se prueba, se ajusta y se comparte. La creatividad aparece justo ahí, en el punto donde el afecto se convierte en acción.

No se trata de técnicas complejas ni de platos que busquen impresionar. La verdadera creatividad en la cocina es la que sostiene la vida cotidiana. La que reinventa una receta para que alcance para todos, la del amigo que prepara un café a tiempo o la de quien, aún cansado, decide cocinar porque sabe que alimentar es cuidar y, muchas veces, sanar.

Cocinar es un lenguaje silencioso. No necesita traducciones ni discursos largos. Un plato caliente puede decir “te pienso”, “te cuido”, “aquí tienes un lugar”. En medio de la velocidad en que vivimos, detenerse a preparar algo para otro es casi un acto de priorización. Es elegir el tiempo lento en un mundo que vive de afán.

En ocasiones, la creatividad aparece cuando el amor exige soluciones: no están todos los ingredientes, el presupuesto aprieta o el ánimo está bajo. Ahí la cocina demuestra su capacidad de transformación. Un arroz sencillo puede convertirse en celebración, si se prepara con intención. Una sopa puede ser consuelo. Una torta puede ser memoria, porque la comida también es recuerdo.

Todos cargamos con un mapa emocional construido a partir de sabores. Hay platos que nos devuelven a la infancia, otros que nos conectan con quienes ya no están, y algunos que nos enseñan a empezar de nuevo. Esa memoria es una forma de amor que se transmite de generación en generación.

La creatividad en la cocina no es solo inventar; es reinterpretar ese “toque secreto”. Es tomar lo aprendido y adaptarlo al presente. Cambiar ingredientes, ajustar tiempos, probar combinaciones. Como el amor mismo, la cocina necesita atención constante. Repetir sin pensar no basta: hay que observar y entender qué necesita el momento.

También hay creatividad en cocinar para uno mismo, en prepararse algo que alimente incluso en los días difíciles, y no conformarse con sobrevivir a punta de domicilios o soluciones rápidas, sino en elegir nutrirse. Ese gesto íntimo es una forma de respeto propio, porque alimentarse bien, cuando se puede, también es decirse “yo importo”.

Comer y amar se parecen en su fragilidad. Ambos pueden fallar, ambos requieren cuidado y ambos se fortalecen con la práctica. Pero cuando funcionan, sostienen. Una mesa compartida puede recomponer un día entero. Un plato preparado con cariño puede cambiar el ánimo de una casa. La creatividad permite que esos gestos no se vuelvan rutina vacía, sino presencia consciente.

Tal vez por eso, cuando alguien nos cocina, sentimos que hay un lugar seguro. Y cuando cocinamos para otros, fortalecemos vínculos. La comida se vuelve puente, y el amor, sustancia. La creatividad es entonces el hilo invisible que los une.

En un mundo que insiste en la rapidez, cocinar es una de las formas más honestas de amor. Requiere tiempo, manos y entrega. No siempre se ve espectacular, pero siempre deja huella.

Quizás no haya que decidir si la comida es amor o si el amor es comida. Basta con reconocer que cuando ambos se encuentran, algo se ordena dentro de nosotros. Y en ese orden silencioso y profundamente humano, la creatividad encuentra su mejor lugar: el de alimentar la vida.

Ultimo hervor. Estamos con el agua hasta el cuello, y más que buscar culpables en funcionarios, cortes o gobernadores, necesitamos manos y corazón. Donemos lo que podamos: alimentos, útiles de aseo, colchonetas, tiempo, apoyo para refugios y comida para animales. No hay excusas: el Banco de Alimentos y la Fundación Solidaridad por Colombia garantizan procesos transparentes. Sigan también a la reina vallenata @mimianayao para información actualizada desde Córdoba. Es momento de ponernos las botas, sumar voluntades y atender a Colombia. Nadie se salva solo: cocinar, donar y acompañar también es amar, pues el país nos necesita unidos.

@madamepapita

Conoce más

Temas recomendados:

 

Tulio Claudio (70717)13 de febrero de 2026 - 03:39 p. m.
Qué diferencia hay entre el amor consumado y el consumido amor ? Entonces la gente generalmente se muere de hambre pero también de amor ? Qué papita!!! Ojo que el problema no es del amor sino del erotismo, de la calidad del erotismo, lo mismo que en la cocina, muy buena la gustación pero qué esclavitud tan berraca.
Gines de Pasamonte(86371)13 de febrero de 2026 - 01:45 p. m.
Madame, hoy ha tocado puntos sensibles, sobre todo en los que no cocinamos; por fortuna tengo a una compañera que es toda una chef, brindándome en el día a día, apetitosas viandas. Le recomiendo el libro: “La alegría del exceso” de Samuel Pepys, gran bebedor, comilón y conocedor de las delicias epicúreas del Londres de su época, siglo XVII, lenguado de Dover, ostras, carpas, lenguas de alondra, quesos y copiosas cantidades de buen vino desfilan por este amenísimo libro. ¡Imperdible!
  • Atenas (06773)13 de febrero de 2026 - 03:17 p. m.
    Hoy sí q' se descubrió Quico o Yines de Pobre diablo al contar más cosas de su pobre vida, q' tiene una esclava- debe ser el mismo gay q' antes tuvo y al q' no pudo sacarle un hijo, de hecho cosa imposible- q' le rinde pleitesía y le ayuda a sobrellevar su solitaria vejez. Ya entiendo por qué nada dice cuando los machos cabríos y misóginos de este fétido circo cascan, violan y ultrajan a sus propias esposas, amantes y empleadas: xq' él igual lo hace: ¡ah desgraciado! Atenas
Michael Myers(apgw0)13 de febrero de 2026 - 12:43 p. m.
La tortica de cumpleaños que todos los años hacía mi abuela para cada nieto. Amor puro e indestructible.
Atenas (06773)13 de febrero de 2026 - 12:19 p. m.
Confiésote, oh Madame Papita, q’ me gustan los temas de tu columna y lo bien fritas q’ te quedan, y la de hoy no es excepción, pues el asunto q’ traes es de gustosa sazón: “¿La comida es el amor o el amor es comida?”, y como vos estoy Ok con ambas interpretaciones ya q’ son, a mi juicio, causa y razón del nutrimento de una pareja, específica/ heterosexual según todas las q’ he conocido a lo largo de mi vida, y principio y fundamento ese, o requisito, si deciden tener prole. Atenas
  • Gines de Pasamonte(86371)13 de febrero de 2026 - 04:34 p. m.
    Jajajajajaja, para esos escozores, atenitas, no olvides la vaselina en la que eres un experto, jeje
  • Atenas (06773)13 de febrero de 2026 - 03:28 p. m.
    Respira por la herida de la inigualable envidia q' me tiene esta pobre chucha, lo q' en este foro ha dejado en claro, y son varias y diversas cosas mías q' no tiene y desea: ocupación actual entre Colombia y USA- con descendencia allí-, estabilidad económica, futuro despejado, esposa, hijos y lucidez mental puesta en evidencia en la posición q' asumo y defiendo en esta tribuna, y a su vez causa de q' tanto me aúlle la ignara jauría, no le queda sino aprender de mi.Atenas
  • Gines de Pasamonte(86371)13 de febrero de 2026 - 01:48 p. m.
    Jajajajaja, atenitas y sus mentirillas de la “prole”. ¿La del lechero? Jajajajaja. Ya me imagino a la abuela sirviéndose a manteles con su amor imposible: bayly.¡Plop! ¿Qué le vas a preparar: ¿Ensalada de frutas con chunchurria? Jajajajaja.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.