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Pocas veces encuentro un producto que me llene tanto el corazón como un croissant. Esas capas, una tras otra, son como abrazos que reconfortan el alma. Y eso fue exactamente lo que me pasó con la @croissaneriaoficial de Gisselle Preciado @panadera.gi. Durante mucho tiempo la seguí en redes sociales, y cada uno de sus videos solía sorprenderme. Después pedí algunos de sus productos, hasta que me llegó el día de sentarme con calma a probar el trabajo de una mujer que hace magia con sus manos.
Ella es una tolimense llena de historias, pero sobre todo de talento y creatividad. Fue la primera en apostarle a una croissaneria especializada en Colombia, una decisión que habla de su carácter y convicción, pues es raro encontrar en una panadería a alguien dedicado a un solo producto, y mucho más con este nivel de detalle. La disciplina y la precisión hacen de cada una de sus creaciones una oportunidad para descubrir hasta dónde puede llegar un oficio cuando se trabaja con excelencia.
Gisselle trabaja en la noche, cuando el silencio, la calma y la posibilidad de escucharse a uno mismo le permiten construir exactamente lo que sueña para su vitrina: un pedazo de su corazón. Esa tranquilidad también se percibe en el resultado. Cada croissant parece haber tenido el tiempo exacto que necesitaba para existir. Es algo que entiendo profundamente, y lo agradezco, porque esas horas de la madrugada suelen ser las más productivas para quienes vivimos de optimizar nuestro tiempo.
Cada receta es una creación propia: mezclas que encuentran el equilibrio entre investigación, técnica, sensibilidad y muchísima tenacidad. En una época en la que todo parece acelerarse, Gisselle decidió respetar los tiempos que exige un buen hojaldre, y así construir una identidad propia. No busca seguir tendencias ni hacer más productos por hacerlos. Su apuesta ha sido perfeccionar un oficio y demostrar que, cuando se trabaja con rigor, un solo producto puede convertirse en toda una experiencia.
Y hablando de experiencias, y como una evolución natural de esa búsqueda constante por la excelencia, hoy también desarrolla su propia propuesta de café. Un blend de la casa y una opción de café suave, pensados para acompañar el hojaldre sin competir con él. Esto es resultado de entender que un gran croissant merece una gran taza de café. Más que ampliar la carta, decidió completar el viaje que les plantea a sus comensales.
Detrás de este proyecto hay una mujer talentosa, rigurosa y generosa con su oficio. De esas personas que entienden que la excelencia no se improvisa, sino que se construye todos los días, capa por capa. Vale la pena ir y sentarse sin afán, pedir más de un café y descubrir cada croissant mordisco a mordisco, como una experiencia casi surreal. Para los vegetarianos también hay un espacio, porque, como era de esperarse, aquí todos cabemos en esta gran mesa para compartir.
Un plus muy importante: esta experiencia solo se vive de manera presencial. No hay domicilios ni plataformas. Sus horarios están anunciados en redes sociales, y las jornadas de los fines de semana son casi un pequeño ritual: si no madruga, le tocará escoger entre lo que queda.
La propuesta es que vivan esta visita como se disfruta un buen croissant: capa por capa, mordisco por mordisco. Y si llegan temprano, háganse un favor: pidan también un rollo de canela. Para mí, uno de los mejores que hay en Bogotá.
Último hervor: Estamos en una dualidad muy desgastante, que va del cansancio de un gobierno que se va y a la expectativa del que llega. Especulaciones, cábalas y mucha esperanza en lo que uno oye y ve en el corazón de los colombianos. Solo hace falta un ingrediente fundamental: el compromiso de cada uno para construir desde la diferencia, sumando talentos y aunando esfuerzos, una Colombia donde quepamos todos. Ojalá que en este nuevo capítulo, la desobediencia no sea motivo para estancarnos, detenernos a la fuerza y, mucho menos, impedir que quienes quieren construir puedan hacerlo.
Posdata: Adiós Mundial, gracias por un mes donde pudimos cambiar la conversación. A unos les quedó faltando, otros sienten que estuvo bien. Ya cada uno cuenta su parte según cómo le fue en la fiesta. A los futboleros de Mundial, como yo, nos vemos en cuatro años. Ojalá en ese momento, como en todo en la vida, lleguen los mejores y el juego limpio siga siendo el ingrediente más importante.
@MadamePapita
