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“Antes del desayuno” en ópera

Manuel Drezner

12 de junio de 2026 - 09:45 a. m.

El Teatro Santo Domingo se anotó un triunfo con la presentación de la breve ópera de cámara para una cantante, “Antes del desayuno” de Thomas Pasatieri. El libreto está basado en el monólogo del mismo nombre del inmenso dramaturgo Eugene O’Neill. Incidentalmente, este es básico en la historia de la televisión colombiana ya que fue una de las primeras obras de teatro que se presentó en ella, en versión de Carmen de Lugo dirigida por su marido, Bernardo Romero Lozano. El argumento es sencillo. Una mujer está encarcelada por un matrimonio miserable y su vida se caracteriza por la frustración no solo económica sino también afectiva. Ella hace el monólogo dirigido a su esposo, quien no aparece en escena. Lo importante es que, bajo esta simplicidad de la historia, se desarrolla una amarga exploración de la soledad y el fracaso. El verdadero conflicto no es exterior, sino interno y logra un drama lleno de matices.

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“Antes del desayuno” es una intensa experiencia y una obra maestra del teatro, ya que presenta en medio de una gran tensión psicológica y con economía de recursos el drama de la desilusión y de la agresión destructiva. Es creación tan única que uno pensaría que la música poco puede agregar a la concepción original del dramaturgo, pero Pasatieri, el compositor, sabiamente deja al texto hablar por si solo y su música es más complemento a lo que canta la protagonista que centro de la ópera pero, aun así, se las arregla para subrayar la atmósfera emocional que tiene, de modo que la partitura no es intrusiva sino que subraya el drama del laureado autor. La música en un idioma tonal logra así reflejar cada matiz psicológico del personaje. El compositor usa una escritura vocal flexible y expresiva que sigue con naturalidad los ritmos del hablar, pero sin renunciar al lirismo.

La difícil interpretación estuvo a cargo de la mezzosoprano Ana Mora, quien reunió los requisitos actorales y musicales requeridos de manera excelente y en una obra donde el peso íntegro de su interpretación cae exclusivamente sobre sus hombros, se supo lucir en forma satisfactoria. La acompañó la Orquesta Filarmónica Juvenil dirigida por Rubián Zuluaga, como fondo de la presentación. La dirección escénica de Alejandro Chacón movió bien al personaje y permitió que expresara esa visión destructiva que tiene y que se transmitió al público con gran intensidad.

Esta presentación fue una importante ocasión operística, aunque, dada la brevedad de la obra, bien se hubiera podido complementar con otro monólogo similar, tal como “La voz humana” de Cocteau con música de Poulenc.

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