Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
El discutido y discutible presidente español quiso hacer alarde de erudición y en una discusión adaptó una frase célebre, aquella de “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”. Muchos creen que este dicho está en el Quijote como ejemplo de estoicismo, de desprecio elegante ante la crítica y de perseverancia idealista frente a la incomprensión del mundo. Pero, a pesar de esa creencia tan extendida, por mucho que se busque en las páginas de Cervantes, la frase no aparece en ninguna parte de la novela. Ni en la primera de 1605 ni en la segunda de 1615 hay rastro de esa sentencia, ni literal ni aproximada, de modo que esta es una de esas frecuentes atribuciones clásicas que jamás existieron.
Lo curioso es que la frase si suena muy quijotesca y por eso se dice que es de Cervantes con una seguridad increíble, pero no. A pesar de que los perros ladrando encajan perfectamente con la imagen que tenemos del hidalgo y de su relación con Sancho, es triste tener que admitir que Don Quijote nunca dijo eso, así él si siguiera adelante a pesar de agresiones, de humillaciones y de derrotas.
¿Cuál puede ser el origen de la atribución? Hay un refrán árabe muy antiguo que dice que “Los perros ladran y la caravana pasa”, que es sospechosamente análogo a la frase atribuida a Cervantes pero hay algunos que la rastrean hasta un poema de Goethe, otros a una recopilación de máximas morales y otros más a manuales de autoayuda que inventaron la cita para enfatizar un consejo. De todos modos, la verdad es que se trata de una frase sentenciosa y tranquilizadora, pero muy alejada del tono real del Quijote que es novela llena de contradicciones, de ironía y de momentos en los que Don Quijote no sale victorioso sino profundamente humillado, confundido y vencido. Pero el dicho tiene ese aire de sabiduría orgullosa, de “yo sigo adelante aunque el mundo me critique”, que encaja como un guante con el Quijote que todos creemos conocer; al auténtico Don Quijote suele acabar molido a palos, engañado por duques o regresando a casa derrotado.
La realidad es que la obra maestra de Cervantes no es un libro de frases lapidarias. Es una novela que se complace en la digresión, en el equívoco, en la ironía constante. Don Quijote no siempre tiene razón; a veces ni siquiera sabe dónde está. Sancho no es solo el oyente paciente de sentencias, sino un personaje que duda, discute y casi siempre entiende mejor la realidad que su amo.
Así que no, en el Quijote no está esa frase y, por más que la haya citado todo un presidente de España, él todo lo que hizo fue perpetuar una fábula hermosa, es verdad, pero que nada tiene que ver con la realidad.
