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15 Jan 2022 - 2:00 a. m.

El centenario de Molière

EL ARTE Y LA CULTURA

Se cumplen en estos días los 400 años del nacimiento de Molière. No se sabe la fecha exacta de cuándo vino al mundo, pero por la fecha de su bautizo, el 15 de enero, debió haber nacido pocos días antes. Pero esa fecha exacta no importa. Se trata de rendir homenaje a uno de los más grandes hombres de teatro en toda la historia de la literatura, un dramaturgo que pasaba con facilidad de la farsa a la comedia y de esta a la tragedia y el drama. Colaboró con algunos de los más destacados músicos franceses de su tiempo, tales como Lully y Charpentier, en crear la llamada comedia-ballet, un género híbrido pero de gran belleza. Sus creaciones se desarrollaron en un medio adverso en que estaba lleno de enemigos, tal vez porque en ellas desnudaba verdades desagradables. A la gente no le gusta que le pongan por delante un espejo donde pueda ver sus defectos.

Lo más interesante de la obra de Molière, sin embargo, es la manera como en ella critica y trata de corregir, mostrándolas, desafortunadas tendencia humanas. Aunque él decía que su propósito era “que la gente honesta se riera”, supo crear símbolos que son tan universales que aún en nuestros tiempos tienen vigencia. Por ejemplo, en Tartufo desenmascara a los hipócritas que se ocultan tras un velo de religión para sus maldades. “La hipocresía es una moda”, decía y agregaba que “todo vicio que está de moda acaba convirtiéndose en una virtud”. Se burló de los hipocondríacos en El enfermo imaginario y de quienes quieren aparentar lo que no son en El burgués gentilhombre, mientras que en El avaro castigaba con su pluma a aquellos para quienes el dinero es el único objetivo de la vida. En El misántropo, su obra maestra, la más grande entre tantas obras maestras, ataca con franqueza a quienes en forma egoísta quieren aislarse de la sociedad y en su deseo de soledad castigan a todos, incluso a sus más allegados. El suyo es un teatro que tiene un fondo de ética y de moral, en donde se burla de los excesos en cualquier actividad. Por eso sus personajes tienen vida aún en nuestros días, ya que son universales.

Entre nosotros solo ocasionalmente los grupos teatrales se han medido al montaje de obras de Molière y es una lástima, porque ellas no solo son interesantes y tienen mucha vigencia sino que en sí mismas son lecciones básicas de teatro. Ojalá que en este año del centenario, si la pandemia lo permite, veamos entre nosotros algunas de las creaciones escénicas de Molière, puesto que, además de entretenidas, son un retrato certero de la humanidad.

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