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20 Mar 2021 - 2:00 a. m.

El centenario de Piazzolla

Se cumple el centenario del nacimiento de Astor Piazzolla, músico argentino que revolucionó el tango, cuyas obras muestran un espíritu innovador y original. Igual que los compositores clásicos dieron nueva vida al minueto, al incorporarlo a las sinfonías, con lo cual dejó de ser baile de salón de los nobles para convertirse en algo importante; igual que Lanner y los Strauss tomaron un ritmo considerado vulgar como lo era el vals y lo convirtieron en danza sinfónica; igual que Gershwin incorporó el despreciado jazz a las composiciones serias, Piazzolla supo transformar el tango.

Este ritmo, que había nacido en los burdeles de Buenos Aires, donde le dieron un nombre tomado del cante flamenco y que posteriormente en París adquirió un grado de respetabilidad, fue por un tiempo el más popular en el mundo musical, pero ya en la época de Piazzolla se había convertido en algo rutinario y repetitivo. El músico, que fue parte de la orquesta del gran Aníbal Troilo como arreglista y músico, se dio cuenta de que ya el tango había llegado a un callejón sin salida y comenzó a estudiar maneras de cambiar esa situación. A eso lo ayudaron sus estudios con Nadia Boulanger, maestra de muchos grandes, quien lo animó en sus propósitos. Piazzolla cambió ritmos y armonías y creó nuevas maneras de ver el tango, que obviamente fueron duramente atacadas por los tradicionalistas, que incluso lo llamaban “asesino del tango”.

El músico contestó acertadamente cuando dijo: “Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no… Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos”. Y agregó que lo suyo entonces era música contemporánea de Buenos Aires. Sus creaciones comenzaron a ser tocadas y hoy es considerado uno de los músicos argentinos más importantes de la historia.

Piazzolla incorporó el tango a numerosas manifestaciones cultas, entre ellas conciertos como los de Las cuatro estaciones porteñas, que muchas veces son tocados al lado de los de Vivaldi; en óperas e incluso en piezas derivadas de las obras de Bach. Además compuso música para casi medio centenar de películas, entre ellas la brillante e incomprendida 12 monos, de Terry Gilliam. Al morir, en 1992, ya le habían hecho el homenaje de ser imitado y cada vez más interpretado.

En este centenario de su nacimiento, su obra ya pertenece al repertorio habitual y aunque muchos le encuentran influencias sobre todo de Bartok, lo cierto es que fue músico original e innovador cuyo legado es parte importante de las creaciones de la música moderna.

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