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Mel Brooks, una de las figuras más destacadas del humor en el cine, cumple cien años de vida y aún está, afortunadamente, entre nosotros. Director, guionista, actor y compositor, Brooks convirtió la parodia y la burla en una forma de arte y demostró así que era posible tomar el pelo y burlarse de lo convencional, usando inteligencia e ingenio.
Brooks comenzó escribiendo para la televisión y creó en ella una sátira del mundo del espionaje que mezclaba inventos absurdos, agentes incompetentes y villanos extravagantes. Después saltó al cine con “The Producers”, una comedia sobre estafadores que descubren que se pueden enriquecer montando el peor espectáculo de la historia, pero el plan fracasa porque sorpresivamente resulta un éxito. En la película se muestra cómo una situación absurda sirve para ridiculizar lo que pretende representar.
Siguió una serie de clásicos como “Blazing Saddles”, que se burló de los clichés de las cintas de vaqueros con situaciones disparatadas. Este filme ha sido catalogado como una de las grandes comedias cinematográficas de todos los tiempos. En “El joven Frankenstein” parodió las películas clásicas de terror y en “High Anxiety” usó los métodos del cine de Alfred Hitchcock para una parodia de gran ironía. En “Spaceballs” se burló de la ficción científica y convirtió la épica espacial en una sucesión de chistes sobre mercadeo y las modas pasajeras. Hizo también una película muda en la que el único que dice algo es el mimo Marcel Marceau, y se burló en otra cinta de la historia de la humanidad. El humor de Brooks se basa en recursos tales como la ruptura de la cuarta pared, los anacronismos, un slapstick heredado del cine mudo y la exageración llevada hasta el absurdo. Sus personajes toman en serio situaciones ridículas, y de ese contraste nace buena parte de la comicidad en las creaciones de Brooks.
La verdad es que detrás de las risas en las películas de Mel Brooks, está la idea constante de usar el humor como arma contra la indiferencia y la intolerancia. Judío e hijo de inmigrantes, Brooks sostenía que la risa podía desarmar a los tiranos al convertirlos en objetos de burla. “Si puedes hacer que se rían de ellos, les quitas poder”, afirmó en más de una ocasión y ponía “El gran dictador” de Chaplin como ejemplo.
A cien años de su nacimiento, Mel Brooks sigue siendo punto de referencia para generaciones de comediantes y cineastas. Sus películas contienen una energía contagiosa y recuerdan que la parodia no solo provoca risas sino que también muestra, al usar el disparate, las debilidades de la realidad que imita.
