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El creador de la inteligencia artificial

Manuel Drezner

23 de enero de 2026 - 08:15 a. m.

La inteligencia artificial se ha puesto de moda y es una gran ayuda para investigar y conocer información nueva, así haya habido algunos que han usado esta herramienta para hacer trampa y hacer pasar como suyos textos creados por la IA, como la abrevian. Ella permite crear computadoras que pueden tener procesos parecidos a los mentales de los seres humanos y por eso el nombre de inteligencia artificial. Pero muchos olvidan al gran genio que estuvo detrás de los orígenes de este importante recurso y vale la pena traerlo a cuento. Se trata de Alan Turing (1912-1954), quien no solo fue uno de los originadores de la IA, sino que además fue uno de los que logró descifrar los códigos secretos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, con lo cual, al decir de muchos historiadores, la duración de ella se acortó varios años. A pesar de sus geniales logros, el hecho de haber sido homosexual hizo que la justicia británica lo persiguiera y condenara y eso lo llevó al suicidio.

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La historia es que durante la guerra los alemanes habían desarrollado una máquina para enviar correos encriptados que era tan complicada que consideraron que los mensajes transmitidos a través de ella eran imposibles de descifrar para quienes no tuvieran la clave. La máquina, bautizada “Enigma”, funcionaba con una serie de piñones y circuitos electrónicos que convertían cada letra en otra distinta en forma aleatoria y solo quienes supieran cómo se había logrado la conversión podían leer los mensajes. Turing desarrolló métodos para encontrar las claves ocultas y, al poder leer los mensajes secretos de los altos mandos nazis, pudieron adelantarse a sus planes y derrotarlos.

Pero lo importante para lo que se está tratando es que Turing también creó un método para mostrar que el comportamiento de las máquinas con inteligencia artificial era parecido al de un ser humano y que, por tanto, se podía considerar que las máquinas pueden pensar. Esto contribuyó al desarrollo de las computadoras y los sistemas inteligentes, o sea, todo ese desarrollo que es la IA.

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Nada de esto le sirvió cuando fue detenido por actos homosexuales, un crimen en el Reino Unido y fue condenado, igual que Oscar Wilde años atrás. Para evitar la cárcel tuvo que someterse a un tratamiento de castración química. Eso lo deprimió tanto que al poco tiempo se suicidó. Más de medio siglo después, el gobierno inglés reconoció los logros del genio, el primer ministro pidió públicamente excusas y la misma reina firmó un perdón póstumo. Quién sabe cuántos avances científicos se hubieran logrado si Turing no hubiera sido víctima de esa bárbara legislación.

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