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El Festival de Música Sacra

Quince años después de su creación, el Festival de Música Sacra, que acaba de terminar, se ha convertido en uno de los encuentros musicales más importantes de nuestra ciudad. Nacido en 2012, en conmemoración de los cincuenta años del Concilio Vaticano II, el Festival surgió con una temática más amplia que la de presentar música religiosa. Su propósito ha sido poner en diálogo distintas tradiciones espirituales y culturales a través de la música. Por eso, en sus escenarios conviven repertorios cristianos, judíos, musulmanes y de otras tradiciones, además de expresiones musicales vinculadas a diferentes culturas del mundo. Por otro lado, ha sido anfitrión de importantes músicos y compositores de gran importancia.

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Al frente de este evento se encuentra Marianna Piotrowska, creadora del festival, cuya trayectoria ha estado estrechamente ligada a la difusión de la música y al intercambio cultural. Bajo su dirección, el FIMSAC ha ido ampliando su alcance hasta convertirse en una plataforma internacional que reúne artistas de numerosos países y lleva la música sacra no solamente a las iglesias, sino también a teatros, auditorios, universidades y otros espacios capitalinos.

El festival se ha definido como una oportunidad para mostrar que existe un territorio común alrededor del respeto por lo sagrado. Esa idea explica buena parte de la personalidad del certamen donde la música no aparece solamente como objeto de contemplación artística, sino también como medio de encuentro. Los programas fueron de gran diversidad y aquí sí que se puede decir que hubo para todos los gustos, pero todo dentro de los límites de lo correcto.

El festival de este año reunió a más de mil artistas procedentes de 16 países en 25 escenarios de Bogotá. El lema escogido, “La Concordia”, es bien elocuente y muestra cómo, a través de la música, se puede llegar a unir a personas y culturas diferentes. La programación confirmó la amplitud de esa iniciativa, ya que figuraron agrupaciones y artistas internacionales al lado de importantes intérpretes colombianos, en una combinación de música antigua, repertorio tradicional y creación contemporánea.

Quince años son, en la vida de un festival, una edad suficientemente larga para hablar de tradición. El FIMSAC llega a este aniversario con la doble condición de conservar la memoria de lo construido mientras que, al mismo tiempo, explora nuevas músicas, nuevos públicos y nuevas maneras de entender lo sagrado. En una Bogotá acostumbrada al ruido y a las diferencias, quince años de música sacra representan algo más que una celebración artística. Se trata, además, de presentar un oasis de serenidad que permite no solo el goce sino también la contemplación. La supervivencia de este importante evento es motivo de orgullo para aquellos a quienes nos interesa el arte y la cultura.

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