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El olvido de Rodolfo Valentino

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Manuel Drezner
28 de agosto de 2026 - 03:05 p. m.
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Cien años después de la muerte de Rodolfo Valentino, el gran galán del cine mudo, que se cumplieron en estos días, algo curioso ha ocurrido. Valentino ha sido prácticamente olvidado a pesar de la leyenda que fue en sus tiempos. Chaplin, Keaton o Greta Garbo siguen siendo reconocidos, pero Valentino, en cambio, se ha convertido poco a poco en un nombre que muchos conocen, pero sin saber exactamente quién fue. Sus películas no forman parte del repertorio y su imagen es más nostálgica que parte de la memoria popular. Cuando murió Valentino de una úlcera perforada e infectada, tenía solo 31 años, pero se había convertido en el hombre más deseado del cine, al que Hollywood convirtió en «el gran amante». Había nacido en Italia y llegó a Estados Unidos en 1913. Después de una etapa como bailarín y hasta gigoló, encontró en el cine su fortuna. Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1921), con un célebre tango que hizo de su personaje un objeto de fascinación, lo lanzaron al estrellato. Ese mismo año, el jeque lo consagró como el “Latin Lover” clásico. Su éxito fue extraordinario. Miles de mujeres lo adoraban y acudían al cine no tanto para seguir una historia como para contemplarlo y suspirar. Valentino inauguró, en buena parte, el fenómeno moderno del ídolo masculino. Su elegancia, que hoy parece relativamente inocente, resultaba entonces revolucionaria: no era el hombre rudo y musculoso tradicional en el modelo norteamericano, sino que era extranjero, refinado, sensual y hasta capaz de bailar. Pero fue su muerte la que convirtió la fama en leyenda. La noticia provocó una inmensa conmoción. Decenas de miles de personas acudieron a la funeraria para verlo por última vez y para el funeral se calcula que alrededor de 100.000 personas se agolparon en las calles. Hubo incluso noticias de intentos de suicidio entre admiradoras. El cine había creado al ídolo; la prensa creó el mito y el público terminó de fabricarlo. Hay una pequeña ironía en esto. El hombre que fue capaz de provocar tumultos porque miles querían verlo muerto yace hoy en relativa tranquilidad. La fama, como el amor eterno, en este caso tuvo fecha de caducidad. Valentino fue «el gran amante» para millones de mujeres, pero noventa años después, quizá su mayor rival no sea otro galán, sino el olvido.

A pesar de todo, todavía hoy se siguen dejando flores en su tumba. Hollywood, que inventó la fama, parece no haber inventado todavía la manera de olvidarla. De modo que hay que decir que sí hay gente que se acuerda del famoso galán de ayer, así el gran público no lo haga.

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