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Periscopio cultural

Escándalo en la Bienal de Venecia

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Manuel Drezner
07 de mayo de 2026 - 05:05 a. m.
“Cuando un jurado decide penalizar a un artista por su nacionalidad, transforma el reconocimiento artístico en sanción”: Manuel Drezner.
“Cuando un jurado decide penalizar a un artista por su nacionalidad, transforma el reconocimiento artístico en sanción”: Manuel Drezner.
Foto: AFP - MARCO BERTORELLO
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La Bienal de Venecia es quizá el más importante evento en el campo de las artes contemporáneas. Sin embargo, el de este año se ha visto manchado por el fanatismo ideológico del jurado que manifestó que no darían premios a artistas de ninguna nación que ellos no aprobaran. Con muy buen criterio, el director de la Bienal dijo que esta es artística y no ideológica, que todos los participantes tenían igualdad de derechos, que él se oponía a toda clase de racismo y discriminación y que el principio fundamental era la libertad de creación y de expresión. Ante esto, el jurado en masa decidió renunciar. Este año el premio de la Bienal lo otorgará el público.

La actitud de los jurados de no otorgar premios a artistas provenientes de países cuya política o gobierno desaprueban revela una fractura entre la autonomía del arte y presiones ideológicas. El problema no radica en que el arte dialogue con la política, sino en que el juicio estético se vea subordinado a criterios extra artísticos. Cuando un jurado decide penalizar a un artista por su nacionalidad, transforma el reconocimiento artístico en herramienta de sanción y el premio deja de ser un indicador de mérito y se convierte en un gesto político.

Esta tendencia empobrece el panorama artístico. La Bienal debe ser un espacio donde se confronten miradas diversas, así sean incómodas. Excluir voces por razones ideológicas limita la riqueza del diálogo cultural. El arte se evalúa por su capacidad expresiva, no por el pasaporte de su autor. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en un escenario donde la política dicta el gusto, como quisieran esos fanáticos, y no al revés.

Hay que acabar con esas actitudes de fanatismo que todo lo que hacen es minimizar el valor del arte para dar gusto a ideologías que no todos comparten.

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karl(g3os1)08 de mayo de 2026 - 01:18 a. m.
Falta alguna otra ESTUPIDEZ , por decir lo minimo en esta aciaga época ???
Lalo Parrarro(70277)08 de mayo de 2026 - 12:46 a. m.
Si artista o los artistas excluidos contemporizan con el sionismo, pues bien sacados.
Lalente(08496)07 de mayo de 2026 - 08:43 p. m.
Maestro Drezner, gran acierto el de su columna, en un momento muy oportuno por el absurdo episodio de la Bienal, y, además, porque sus observaciones se suman al debate actual sobre el papel del artista, en el cual se destacan las tesis que plantea Carlos Granés en su último libro El rugido de nuestro tiempo. Justamente en la FILBo que terminó esta semana, este notable ensayista desplegó en varias conversaciones su análisis sobre ese arrevesado trueque entre los roles del artista y del político.
GONZALO CARREÑO R.(02bph)07 de mayo de 2026 - 07:52 p. m.
Creo que los niños de Gaza o Ucrania no estarían de acuerdo con esta columna. Yo tampoco.
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