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García Lorca, 90 años de una voz que no pudieron callar

Manuel Drezner

04 de septiembre de 2026 - 01:30 p. m.

Dicen que el soldado que detuvo a García Lorca, de cuyo asesinato se cumplieron 90 años, le preguntó qué hacía y cuando él dijo que era poeta la respuesta fue: “España no necesita poetas”, y ordenó que lo mataran al lado de maestros de escuela y anarquistas.

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García Lorca sigue siendo una de las voces más poderosas de la literatura española. Poeta y dramaturgo, convirtió la tradición popular andaluza en una creación moderna y universal. El poeta viajó a Granada antes del estallido de la guerra. Tras el levantamiento militar, fue detenido y al amanecer del día siguiente fue fusilado. Su cuerpo nunca ha sido localizado.

Las razones exactas de su asesinato siguen siendo objeto de debate histórico, aunque las investigaciones han señalado la combinación de su posición política, su independencia intelectual, su carácter no convencional y su homosexualidad en un contexto de extrema violencia y persecución. Reducir su muerte a una simple disputa personal o local significa ignorar el clima político que la hizo posible.

Su poesía es una mezcla de tradición y modernidad, en la que el flamenco y la muerte adquieren una dimensión mítica. En Poeta en Nueva York, describió una ciudad deshumanizada y dominada por el dinero y la soledad. Otros poemas, como el impresionante Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, muestran a un poeta cada vez más íntimo, trágico y universal.

Pero es en el teatro donde su genio alcanza una dimensión extraordinaria. Sus personajes viven atrapados entre el deseo y las convenciones sociales, entre la libertad y la autoridad. Él no quería un teatro encerrado en las élites: quería un arte vivo, popular y capaz de hablarle directamente a la sociedad. A pesar de ser menos conocidas, piezas como El público y también Así que pasen cinco años son precursores de muchas de las tendencias modernas del arte teatral. En ellas García Lorca rompe con el teatro convencional, introduce personajes que funcionan como símbolos y hay una ruptura entre realidad y representación. Esas obras cuestionan, además, qué es el teatro y qué significa ocultar o revelar la verdadera identidad, anticipando a autores como Ionesco, Beckett y Genet. Sin embargo, el poeta parte de una sensibilidad diferente. Mientras el absurdo de ellos está marcado por la sensación de vacío y falta de sentido de la existencia, García Lorca conserva una estructura poética y simbólica.

Noventa años después de su muerte, Federico García Lorca permanece. Lo mataron pero no pudieron matar sus versos ni sus personajes.

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