Guillermo Angulo es uno de los intelectuales colombianos más multifacéticos posibles. No solo ha sido eminente fotógrafo sino también cineasta, diplomático, escritor, incansable lector y con una afición única que es el cultivo y estudio de orquídeas. De hecho, tiene un jardín con decenas de muestras de la bella flor que los amigos han bautizado Orquidiócesis de Tegualda por el nombre de la finca donde ha desarrollado sus estudios florales.
Angulo ha fotografiado hechos, objetos y personas de importancia. Por ejemplo, fue el único que hizo placas de García Márquez cuando escribía Cien años de soledad y así consta en una copia autografiada por el mismo Nobel. Obviamente, su afición a la orquídea ha hecho que la flor haya sido objetivo de su lente, su modelo, por así llamarlo, en numerosas oportunidades y todo esto se ha conjugado en una donación hecha por Angulo a la Biblioteca Nacional de miles de sus fotografías entre las que se destacan, desde luego, las dedicadas a la flor. La Biblioteca, después de aceptada la donación, ha publicado sus textos y fotografías de orquídeas en un libro llamado El jardín de Thanatos, nombre con que el autor, en forma algo pesimista –pues Thanatos es dios mitológico de la muerte– ha rebautizado su finca.
El libro es de un lujo editorial notable y aparte de hermosas fotos de la flor, que es su tema, tiene textos llenos de humor y de no poca sabiduría que reflejan lo que es Guillermo Angulo. Hay una especie de diálogo entre los textos y las fotografías y todo ello hace honor a un humanista que, casi centenario, nos ofrece una auténtica joya de arte bibliográfico. Además, es de un profundo significado filosófico, pues las flores del jardín son efímeras, como nuestras vidas, y eso lo recuerda esta bella obra.