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Afortunadamente, la justicia en nuestros días es, en general, algo serio y confiable. El que al acusado se le presuma inocente hasta que haya pruebas de culpabilidad es uno de los grandes avances de la civilización, pero hay que decir que no siempre fue así, como lo comprueban los relatos sobre cómo era la justicia en otros tiempos. Ella era una mezcla de superstición y desesperación, y eso hacía que se acercara a una tragicomedia. La prueba está en la Edad Media, un periodo donde la justicia tenía la peculiaridad de que no discriminaba entre humanos y animales. Si una cerda devoraba a un niño (hecho documentado), no solo era capturada, sino también juzgada con todo el protocolo: abogado, testigos y, en ocasiones, una sentencia ejemplar.
Estos procesos no eran meras anécdotas, sino auténticos espectáculos judiciales. Los animales eran citados formalmente a comparecer. En algunos casos, como las plagas de langostas, se les asignaba un defensor que argumentaba que sus clientes actuaban por mandato divino o necesidad biológica. Pero la cosa no terminaba ahí. Cuando no había animales a quienes culpar, entraban en escena las famosas ordalías, que eran pruebas físicas a seres humanos para determinar la voluntad divina. El principio era que si Dios quería demostrar la inocencia, haría un milagro para evitar que el reo se quemara o se ahogara.
Entre las más populares estaba la prueba del fuego. El acusado debía sostener un hierro candente o caminar sobre brasas. Si las heridas sanaban en unos días, era inocente. Si no, obviamente culpable. También estaba la prueba del agua en la que el acusado era lanzado atado a un cuerpo de agua o a una tina llena. Si flotaba, era culpable (porque el agua “lo rechazaba”); si se hundía, era inocente.
Lo fascinante de estos métodos era su lógica circular y su fe inquebrantable en lo sobrenatural como árbitro judicial. Hoy, estos episodios nos provocan risa, pero también recuerdan que muchas veces se hacen razonamientos lógicos sobre algo que es ilógico.
Debemos, por tanto, agradecer que hoy día la justicia se guíe por métodos diferentes, que los animales ya no comparecen ante un juez y que cuando se juzga a una persona no la hacen caminar sobre brasas o tratan de ahogarla. Si se quiere, lo descrito es uno de los grandes triunfos de la humanidad, que se debería poner al lado de inventos más materiales como muestra de que no siempre el hombre evoluciona mal.
