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La literatura y lo absurdo

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Manuel Drezner
20 de marzo de 2026 - 01:00 p. m.
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Hay que decir que lo absurdo o la falta de sentido común tienen un puesto importante en la literatura, sea para hacer sátira o simplemente para idear ejercicios que obliguen al lector a pensar. Un ejemplo temprano podría ser ese ensayo de Swift donde propone, como medio de ayudar a la población menos favorecida a progresar, que los pobres críen niños gordos y apetitosos que sirvan como manjar exquisito a los ricos. Así ganan estos al tener una deliciosa gastronómica y los pobres al tener una fuente de ingresos que les permita vivir cómodamente. Esta “Modesta proposición”, como la llamó Swift, es una obra maestra de la sátira, que incluso supera las aventuras de Gulliver del mismo autor, lo cual es mucho decir. El dramaturgo francés Molière fue un maestro en crear situaciones poco reales, pero tan cercanas a la realidad que aún hoy día su teatro es admirado, ya que él creó personajes representativos tan habituales que aún hoy día existen paralelos que van desde la hipocresía religiosa hasta los alardes de los nuevos ricos.

Más cerca de nuestros tiempos están obras como “Alicia en el país de las maravillas”, de Carroll y sus secuelas, donde la falta de sentido tratada seriamente hace de ellas lectura exquisita y obligada. Lo mismo puede decirse de esa obra maestra que es “La transformación” (mal llamada en malas traducciones “La metamorfosis”) de Kafka, donde una situación absurda se desarrolla en forma lógica hasta llegar a su culminación dramática. Si uno se pone a ver, buena parte de la obra de Borges sigue esos delineamientos, donde se plantean situaciones sin sentido para llegar a conclusiones igualmente absurdas pero no carentes de lógica. “El velorio de Finnegan” de James Joyce no tiene sentido en la forma habitual como este se considera, pero es una fiesta donde la literatura se convierte en música.

Obviamente, la culminación de la tendencia a crear situaciones no reales está en el llamado “teatro del absurdo”, con obras como “La cantante calva” de Ionesco, “Esperando a Godot” de Beckett y “Rosencrantz y Guildenstern han muerto” de Stoppard. Aquí se creó una innovadora tendencia dentro del drama moderno, con obras que intrigan pero que necesariamente hacen pensar.

Como se puede ver por lo anterior, si se hace una premisa que puede no tener sentido o ser absurda y se lleva a sus desarrollos lógicos, el resultado final es fructífero y por eso la falta de sentido ocupa un puesto tan importante en los desarrollos literarios.

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CARLOS BARRGAN(lcggj)Hace 54 minutos
Excelente columna.
Gines de Pasamonte(86371)Hace 1 hora
Un maestro indiscutible del absurdo es Albert Camus, cito dos obras que llamaron poderosamente mi atención en tal sentido: “El extranjero” y “La caída”. También Kafka, tal como lo señala, don Manuel, fue un maestro del absurdo, en obras como: “La transformación” y “El proceso” lo comprobamos. ¡Libros imperdibles! ¡De obligada lectura!
DONALDO MENDOZA M.(67774)Hace 1 hora
Cuanto más breve y bien escrita es una columna, más luz expande entre los lectores. Bien, don Manuel.
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