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La “resurrección”, de Mahler, por la Sinfónica

Manuel Drezner

10 de julio de 2026 - 09:30 a. m.

La Sinfónica y el Coro Nacional, dirigidos por Bar Avni, directora que ha figurado con frecuencia en las noticias musicales, presentaron en el Teatro Santo Domingo la grandiosa Sinfonía “Resurrección” de Gustav Mahler. Mostraron una versión que desde los primeros compases dejó en claro que no se trataba de una interpretación rutinaria, ya que la monumental concepción del músico fue presentada siendo fiel a los numerosos matices de la sinfonía.

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No son muchas las obras del repertorio que tengan el impacto emocional y espiritual de esta creación que representa un inmenso desafío interpretativo por la complejidad de su escritura. Esta es una obra que va desde un duelo doloroso hasta una exaltación luminosa de la vida. Programarla es un desafío; e interpretarla con acierto es trabajo inmenso y a eso se enfrentó la Orquesta en un concierto que quedará entre los puntos culminantes de su historia. El apodo de “Resurrección” no se refiere solo al concepto de vida después de la muerte sino también a una resurrección interior, a la capacidad de la humanidad de encontrar consuelo tras la pérdida y el sufrimiento.

La versión fue muy expresiva y supo hacer las transiciones desde momentos casi imperceptibles a explosiones sonoras intensas en un equilibrio que fue una de las principales características del concierto. Los metales fueron brillantes y la aumentada percusión tuvo el dramatismo imaginado por el creador, pero no hubo excesos, lo cual es laudable porque la música de Mahler puede convertirse en algo grandilocuente pero vacío si los contrastes no son controlados. En el trascendental final en el que entran las solistas y el coro, la atmósfera llegó a una culminación impresionante. Este movimiento es uno de los momentos más increíbles en la historia de la música y da respuesta a ese deseo de Mahler de mostrar musicalmente el sentido de la vida. Mahler concebía la música como una forma de explorar los grandes interrogantes de la existencia y por eso esta sinfonía parte del dolor y la muerte para emprender un recorrido hacia la esperanza y la vida, o sea que la obra no es solo gran arte sino también una honda reflexión de toda una filosofía. Mahler imaginaba la música como una manera de explorar los interrogantes del existir y por eso en esta obra se comienza con el dolor de la muerte para llegar en su inolvidable final al camino de la esperanza. Los intérpretes mostraron gran madurez y aparte de detalles menores, nos dieron una versión de alto nivel, que pudo emocionar no solo al oyente experimentado sino también a aquellos que escuchaban la obra por primera vez. Al finalizar hubo una larga y merecida ovación que reflejó el agradecimiento a una gran experiencia musical.

Por la profundidad de su mensaje, la Sinfonía ocupa un lugar de honor en la historia de la música y es una de las experiencias más emotivas que puede ofrecer un concierto. Es por eso que muchos nos preguntamos sobre lo absurdo que es montar una obra tan básica para un único concierto. La acogida que tuvo y el esfuerzo que significa meritarían que se presentara en más de una oportunidad.

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